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Relato de pesca (y asuntos varios) No. 6: Tzibanzá
Rafael Malpica
No puedo dormir. El revoloteo de una palomilla ante la amarillenta luz de una bombilla de 60 watts me hizo regresar al momento actual. Es viernes, y estoy en la cocina de una casa modesta pero cálida que rentamos aquí. Es una noche con viento regular, un frío sabroso y lluvia ligera. Apenas concluyó la junta de capitanes de los equipos participantes de esta segunda fecha del Torneo Bicentenario Tzibanzá 2010 y, después de cenar, de unos tragos y de convivir un rato con magníficos pescadores de lobina, Abdelaxis y yo nos refugiamos en la casa del hermano de Elías, que casi cuelga de uno de tantos desfiladeros que miran a la presa de Zimapán.
Luego de bajar cosas personales, arreos de pesca y de instalarnos, y tras un ligero intercambio de ideas y señuelos para planear el primer día de la jornada, Abdelaxis se va a la cama y yo espero hacer lo mismo después de ducharme. Pero aquí estoy, ya en la madrugada del sábado, con los ojos “pelados”, sin poder dormir y con mil imágenes que bullen en mi cabeza.
Y es que después de conocer esta comunidad queretana y su gente (heredera cultural de uno de los grupos étnicos menos conocidos de México y menos comprendido también) uno no puede dejar de interesarse por sus vivencias, sus historias personales y por asumir como propio ese deseo por salir adelante en un sitio que, a decir verdad, no es el mejor para hacer una familia, vivir sin sobresaltos y prosperar económicamente.
Sin querer, el insomnio lo atribuyo a la emoción del viaje y de la pesca misma. El viernes comenzó con mucha intensidad. Tuve que dejar listo todo para ausentarme de casa prácticamente tres días. Por fortuna ahora, ante la ausencia de los buenazos de Shadi y Sáenz, aceptamos compartir los gastos del viaje con el equipo Michoacán Bass y por eso nos encaramamos a la camioneta de Alejandro, donde ya esperaba el doc Mario. Una preocupación menos porque no hubo necesidad de preparar ninguna de las nuestras. Algo más de cuatro horas de viaje, una pelea a machetazos casi al salir de los terrenos de Alex y un accidente en la carretera matizaron el traslado, durante el cual el tema consistente ¡Claro! Fue la pesca y la eventualidad de un viaje a Cuba. A la pesca en el litoral… y en la Habana, por supuesto.
Pero al final, en la hora de los espantos, aquí estoy sin el menor indicio de sueño, ya no pensando en la pesca de lobinas, sino en Tzibanzá, en este pueblo extremo que emerge, paradójicamente, de la tierra seca y las aguas de oscuras y verdosas de la presa Zimapán, entre cañones majestuosos que a lo largo de millones de años han sido horadados por el flujo continuo del río Moctezuma, que originalmente era el desagüe natural de toda la cuenca del Valle de México y que continuaba por Hidalgo, Querétaro, San Luis Potosí para juntarse con el río Tamuin en Veracruz y desembocar en Tamaulipas ya con el nombre de su famoso hermano mayor, el río Pánuco. Pero hoy el Moctezuma, en realidad, es la continuación del drenaje profundo de la Ciudad de México y su área metropolitana que canaliza todas las aguas residuales y la m....a de más de 25 millones de personas. Prácticamente los desechos de una cuarta parte de la población mexicana van a parar a la presa Fernando Hiriart Valderrama. Nuestro Zimapán. Ni qué decir de la calidad del agua del embalse.
Sin pretender alarmar a nadie, lo que sí se sabe es que desde 1999, investigadores del Departamento de Recursos Naturales del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) han advertido de los riesgos a la salud por consumir peces locales o entrar en contacto con el agua de la presa Zimapán porque hay indicios de presencia de metales pesados, que derivan del arrastre de contaminantes que se depositan aquí.
Tzibanzá en otomí significa “palo seco”. Dicen los más viejos de esta comunidad que antes de la Revolución ya había gente que habitaba la ribera del entonces bello río Moctezuma. Pero es precisamente hacia 1910 cuando diferentes familias provenientes de comunidades aledañas deciden reunirse en un pequeño asentamiento que denominan Tziquiá y que es el nombre otomí de un arbusto endémico de estos parajes semidesérticos.
Hacia 1940, con el reparto agrario, Tzibanzá se convierte en un ejido donde hoy habitan aproximadamente 350 personas que viven de una agricultura incipiente de temporal y de riego (pocas hectáreas en realidad), el pastoreo de ganado (ovejas, chivos y escuálidas vacas) y fundamentalmente de la pesca comercial de tilapia y el turismo asociado a los deportes al are libre, pero en particular de la pesca deportiva de lobina.
Y esa es la razón de la presencia de cientos de pescadores que a mediados de mayo llegamos a este séptimo serial Bassqro Torneo Bicentenario de Tzibanzá que, a decir verdad, junto a otros torneos formales como el nuevo concepto de la Copa Mercury constituyen una importante derrama económica para la comunidad.
Platiqué con algunos habitantes como Víctor Biais que revela algunos datos conservadores: En un fin de semana de cualquier época de año, los recursos que dejan turistas y pescadores podrían ascender a unos 50 mil pesos para guías de pesca, motoristas, transportistas, propietarios de tienditas de abarrotes, hospedaje y quienes se dedican a la venta de comida. Pero esta cantidad se multiplica durante un torneo de pesca de lobina, probablemente más allá de 250 mil pesos. Un verdadero milagro para esta gente desplazada de su asentamiento original debido precisamente a la construcción de este embalse del que hoy dependen por completo
También es justo decir que durante un torneo, además de la basura que generamos los no siempre cuidadosos pescadores, se rompe la tranquilidad de este caserío afincado en los cerros de arenisca y entre cactus columnares, biznagas, agaves, nopales y mezquites. Pero hasta ahorita es el menor de los males.
De no ser por la pesca, esta comunidad sería un pueblo fantasma pues la siembra de jitomate y chile de diferentes variedades que hoy es la base de su precaria agricultura no sería suficiente. Y de hecho ni así porque algunos muchachos han emigrado a Estados Unidos, a Querétaro, Guadalajara y la Ciudad de México en busca de mejores oportunidades de vida. Así es en todo el país. Así ha sido siempre.
Por fin la polilla se cansa de dar vuelas al foco incandescente y se refugia en un rincón bajo la mesa que ocupa el espacio de lo que debe estar planeado como sala y comedor. Estoy cansado. Tengo la boca reseca. Estoy, como decimos los veracruzanos (aunque refugiado en Michoacán donde decimos igual), sudoroso y realmente hasta la madre. En la habitación de junto Abdelaxis ronca como un niño pequeño. Mientras la lobina de más de 8 libras que imaginé que me iba a esperar ahora, seguramente está ya del otro lado de la presa, en Hidalgo. Seguro.
Por fin me vence el cansancio y el sueño, sólo para que un par de horas después el olor a huevo revueltos y la estridencia de mi celular me indiquen que ya es hora de prepararnos.
A la caza de Abel Cruz, que vive junto, para pedirle un aventón, nos trepamos a su potente camioneta roja que jala el remolque con su preciada Triton, para bajar con nuestras cosas hasta el embarcadero. Sin darnos cuenta prácticamente ya estamos en el agua, en la panguita del hermano de Abelito (como le dice cándidamente el Abdelaxis).
Casi de inmediato la voz de Francisco Venegas, representante de la empresa Crane Care de México que se responsabiliza de la logística y el pesaje, nos avisa que entonemos nuestro Himno Nacional. Y parece mentira pero de nuevo siento esa emoción indescriptible con los acordes. ¡Todo listo! – Avancen. Su gafete en la mano. Esa lancha… enseñen su número. Cuidado 13, pasa embarcación al frente. ¡Despacio en la zona de boyas! Equipo 17 (nosotros)… avancen, enseñen los viveros. ¡Suerte!
Son las 7:10 de la mañana, y nos enfilamos hasta el primer sitio seleccionado sin saber que las dos jornadas serían de verdadera pesadilla. Abdelaxis empezó con un popper extraordinario que brindó una captura que rebasó la talla mínima y yo con un paletón pequeño al que se le pegó una mojarra azul en el primer tiro.
Insistimos allí pero nada. La proximidad de otra embarcación nos obligó a movernos. Y después de eso varias veces más. Aunque pensamos que la fortuna no estaba de nuestro lado no fue así. Un pequeño fallo en el motor nos hizo temer algo peor. Pero no. Ya desde el principio, no obstante las pilas nuevas, ninguno de los 4 aireadores que nos prestó el buen amigo Miguel Luna funciono. Imaginábamos el peor escenario pero el vivero de la lancha, sin tapón en un extremo, funcionó muy bien los dos días. Casi con la cuota completa con las cuatro lobinas capturadas por Abdelaxis, yo logré contribuir con un ejemplar de 1.240 kilogramos que me traje desde abajo con una lombriz en Texas, quizá a más de 8 metros de profundidad. Al cabo una pequeña lobina frente a los 30 monstruos que se presentaron esta vez y del que destacó el golón ganador de 3.380 kilogramos. Al final de ambos días totalizamos 3.085 kilogramos y nos ubicamos lejos, en el 28, aunque a sólo tres sitios de Alejandro y Mario, mientras que César Jimeno y Mauricio Franco del Genoma Bass se fueron hasta el 35.
Poco que comentar después. A las 4 y media de la tarde ya estábamos en casa de nuevo. Sin bañarnos, los dos nos dormimos hasta casi medianoche. Yo estaba virtualmente inhabilitado y no me importaron moscos ni polillas. Las tortas que sobraron del lonche de la mañana nos permitieron cenar sin hacer esfuerzo. Por fortuna le habíamos dado posada a una botella de Torres que la noche anterior ni siquiera probaron Aceves, Mario, Henry, Alex, El Villano y compañía. Y pos ¡Ni modo! Entre trago y plática nos dieron prácticamente las tres de la mañana, mientras afuera las rachas de viento amenazaban lo peor.
El domingo, las cosas fueron completamente distintas. Una mala jornada para todos, con mucho viento y una lluvia persistente. Desde la amplia variedad de plásticos con múltiples formas y colores, hasta rapalas, paletones, poppers, jigs con trailers y swinbaits. Usamos de todo y nada de capturas notable. De patrones de ataque a los señuelos mejor ni hablar. Menos sobre la posición de los peces en la columna de agua. Por lo que sabemos, y en virtud de la baja presión y enfriamiento del agua, las lobinas podrían encontrarse hasta abajo, donde las condiciones del agua eran aparentemente más estables. Y estarían escondidas y aletargadas. En otras palabras: En la forma que menos desea encontrar un lobinero.
Por fin, una lobina que apenas dio la talla. Con la desesperación en el rostro, Abel hace un último esfuerzo y nos lleva hasta un sitio qué puede semejar todo, menos un refugio de lobinas. A menos de una hora del cierre de la jornada y con una pieza en el vivero, Abdelaxis mejora notablemente nuestra posición el la tabla con una lobina prácticamente del mismo peso que la del día anterior: 1.150 kilogramos. Inmediatamente yo capturo otra que nos da la talla pero infortunadamente debo liberar uno más que se quedaba corta por tres milímetros… aparentemente.
Quince minutos antes de la una de la tarde dejamos las cosas por la paz. Bajo los colores del Britania Morelia Bass Team cerramos en el sitio 34. Lejos, muy lejos de ser una buena jornada de pesca de lobina. Días después, con la contabilización de Bassqro de las dos fechas nos desplazamos desde el 23 hasta el lugar 29 con 10.345 kilogramos producto de la captura de 18 lobinas. A años luz de distancia de los cinco primeros lugares: Cinegético Leones con 18.785 (casi el doble de diferencia en peso que nosotros); Fumigaciones del Centro con 18.105; Bichos Bass con 17.490; Castillo Fishing con 16.910 e Hidalgo Bass Team con 15.940 kilogramos.
Esta segunda jornada para el resto de los equipos michoacano fue de regular a mala. Sáenz y Shadi se quedaron en casa por lo que el equipo Aminoguana se ubicó en el sitio 61 con 3.755 kilogramos. En mucho mejor posición Genoma Bass en el lugar 17 (en zona de rifa de auto) con 12.495 kilogramos; mientras que Alejandro Pérez y Mario Gutiérrez de Michoacán Bass se posicionaron en séptimo con 14.630 kilogramos.
Sin tiempo para reflexionar mayor cosa, Abdelaxis y yo platicamos superficialmente sobre la importancia de remontar posiciones para ubicarnos entre los 20 primeros lugares y no se ve tan lejos si consideramos que la vigésima posición es para Los Inges que registran 11.855.
Después de comer me encamino a pie hasta el casa mientras Abdelaxis se queda a la premiación y el doc Mario y Alex preparan sus cosas para el retorno. Entre calles polvorientas veo la fila de cuatro camionetas con cajas de jitomates listas para salir de Tzibanzá. ¿Cuántas ilusiones hay en esos rostros morenos de jóvenes y hombres que han faenado en estas tierras secas que producen tan poco que por eso a todo mundo obliga a pensar en emigrar? Muchas son efectivamente las ilusiones y por eso la mayoría se queda aquí a pesar de las condiciones adversas. O no sé si es necedad, arraigo o un apego desmedido. Pero Tzibanzá atrapa. Y los muchachos siguen aquí aunque muchos más si han partido.
Llego a la casa. Me desvisto y me meto a bañar. Con jabón resalando por mi cara me sobresalto al advertir un movimiento brusco entre el piso encementado del baño. Es una pequeña rana que emerge de una ranura de la coladera. De tres saltos poderosos se pone a un costado de la taza porcelanizada en blanco. Y sorprendentemente la veo desaparecer entre la fisura de este mueble y el piso. Sí. La rana originalmente en verde se ha adatado a este micro hábitat de una manera increíble. De día se protege de los depredadores al salir a cazar insectos camuflajeada en su nuevo color marrón sucio. Por la tarde se refugia en la casa. La adaptación es maravillosa.
Ya en la camioneta, de regreso a Morelia pienso que la adaptación de las ranas y la transformación de muchas rapaces que prácticamente se han convertido en águilas pescadoras me hace pensar que ése es precisamente el éxito de esta gente con pieles de color terroso. De estos hombres y mujeres otmíes de Tzibanzá. Ellos se han adaptado de una manera fabulosa. Bajaron de pueblos serranos y se asentaron en la ribera del río Moctezuma para ser deslazados nuevamente. Paulatinamente la agricultura y la ganadería van perdiendo forma mientras la pesca se consolida. Desde la tierra seca han emergido estos nuevos hombres de agua. Y son de Tzibanzá. Las lobinas también…
Tzibanzá, Querétaro, México, 16 de mayo de 2010
En fila: Michoacán Bass y Genoma Bass en los lugares dos y tres del Torneo Bicentenario en la presa Zimapán
Rafael Malpica
En realidad no es una sorpresa sino una revelación: Dos equipos michoacanos de pesca deportiva, Michoacán Bass y Genoma Bass se colocaron en segundo y tercer lugar en la primera fecha del 7º Serial Bassqro, Selectivo Zona Centro de la Federación Mexicana de Pesca Deportiva que lleva por nombre Torno del Bicentenario, que se realizó este fin de semana en la presa Fernando Hiriart Valderrama, un enclave en los límites de los estados de Querétaro e Hidalgo en el cañón de Zimapán, un terreno agreste de belleza extraordinaria, con mucho sol, alta temperatura y una vegetación de semidesierto que cuelga prácticamente de las paredes rocosas. ¡Y claro, muchas lobinas! Aunque la pesca es complicada.
Vale decir que es la primera vez que equipos de pescadores michoacanos estamos en una competencia de tal relevancia, algo completamente inédito que marca sin duda un parteaguas en la pesca deportiva local y aún más por los dos importantes lugares en fila logrados.
En este embalse construido apenas en 1995 y que es alimentado por los ríos Tula, San Juan y Moctezuma y los manantiales Infiernillo y La Ortiga, se desarrolló la primera fecha del serial selectivo para el nacional de donde saldrá el equipo mexicano que participará en el Torneo Mundial de Pesca de Lobina que se realizará el próximo año en Italia. En total participaron 69 equipos de los mejores pescadores deportivos de agua dulce de los estados de Guanajuato, Querétaro, México, Hidalgo, DF, Puebla, Aguascalientes, Tlaxcala, Zacatecas, y por primera vez, cuatro equipos michoacanos: Michoacán Bass integrado por Mario Gutiérrez (el Doc Mario de Tacámbaro) y Alejandro Pérez Arteaga (Geothlypis); Genoma Bass Fishing Team de los hermanos César y Carlos Jimeno Padilla avecindados en el meritito Apatzingán; Abdelaxis Rafael Rizo y un servidor Rafael Malpica que integramos el Britania Morelia Bass Team y, por supuesto, Jesús Mora Sáenz y Shadi Ramos Ferrel (Shasham) de Uruapan con su ya conocido Aminowanas.
Si bien de orígenes distintos, quienes integramos los cuatro equipos representamos orgullosamente a nuestro estado y colocamos el nombre de nuestro club de pesca Lobineros de Michoacán entre los más reconocidos del país. Y como los “genoma” y Alejandro aún no pertenecen a éste, ya nuestro presidente Abdelaxis Rizo ha empezado las gestiones para integrarlos.
Desde el primer día se notó la presencia de los equipos michoacanos pues Alejandro y Mario cerraron en el primer lugar al totalizar 6.195 kilogramos con la presentación de dos golonas capturadas esa mañana por Alex, una de ellas un tremendo animal de 2.715 kilogramos que al cabo lo ubicó en el segundo sitio, apenas 50 gramos atrás de la golona de 2.765 kilos presentada por Bichos Bass.
De acuerdo a la tabla final de posiciones, los resultados fueron: Bichos Bass con un peso acumulado de 10.08 kilos en los dos días de la competencia; Michoacán Bass con 8.625 kilos en segundo sitio; Genoma Bass con 8.04 kilos; Bass Raptos con 7.97 kilos rn cuarto sitio y en quinto Brasil ADT con un acumulado de 7.69. Los cinco equipos con 10 piezas vivas presentadas en total.
Nosotros, Rafa Rizo y un servidor, bajamos del lugar 12 en que cerramos el primer día hasta el 23 al sumar el peso acumulado de la cuota de 10 lobinas registradas con un peso de 5.34 kilogramos, ciertamente lejos a 4.7 kilogramos de Bichos Bass, pero realmente cerca del resto de los competidores. Por ejemplo: Estamos a un 1.1 kilogramos del equipo Mayte Bass que pesó 6.42 Kg. y que los ubica en el lugar 14; a 1.645 Kg. del décimo sitio que es Celaya Bass 2 que registró 6.985 y a 2.7 Kg. de Genoma.
Con la orientación y los conocimientos de pesca de Abdelaxis y la paciencia de nuestro guía Abel, el primer día del torneo logré una captura importante: Mi primera golona de 1.575 Kg. Bajo ese sol abrasador y una pesca realmente difícil por las estructuras bajo el agua, palos y roca, en los que fácilmente se traban y pierden los señuelos, realizamos un esfuerzo importante que nos permitió lograr las cuotas en sendos días con lobinas de más de 30 centímetros de longitud. Algo para compartir es que prácticamente sobre la hora del último día de competencia, poco más allá de las 12:30 horas, Abdelaxis salvó la tarde al capturar el ejemplar que nos faltaba para cumplir la cuota y meternos a la pelea entre los primeros 25 lugares. El cierre era a las 13:00 horas. Apenas.
Shadi y Sáenz tuvieron una jornada complicada por la falta de una lancha adecuada y un guía experimentado, algo que seguramente van a superar la próxima fecha que se realizará a finales de mayo para remontar posiciones tal como lo hicieron en la “calentona” previa de hace unos días donde concluyeron en segundo sitio.
No es para menos el resultado de esta primera fecha del Torneo Bicentenario para quienes integramos los cuatro equipos michoacanos, pero quizá algo fundamental ha sido la posibilidad de conocernos más y convivir. La generosidad de César y de Carlos, que nos invitaron a todos una carne asada en la casa que les sirvió de centro de operaciones, ayudó a relajarnos el sábado para cerrar la competencia. La camaradería, la charla, los planes, las anécdotas y unas cervezas frías la tarde.
Además, por supuesto que tenemos que destacar la vivencia de un torneo formal de pesca deportiva, el roce con competidores mejor equipados y con una mayor experiencia, y la emoción de estar en lugar correcto, lo que no sucede en Michoacán donde la práctica de la pesca deportiva está en ciernes. Por eso creo, en lo personal, que los resultados obtenidos son altamente positivos para todos nosotros.
Y por cierto, ya preparo un relato de pesca más en forma pues resulta tentadora la oferta de los organizadores a premiar la reseña de pesca más interesante.
Fuera las lanchas del agua, el hostal ya está tranquilo. La pequeña isla con sus cabañas espera a los nuevos huéspedes del próximo fin de semana. La comunidad de Tzibanzá regresa a las tareas de siempre. En mayo estaremos de vuelta. Las lobinas agazapadas entre la palizada y las rocas, ya espera la siguiente presa.
Sábado 20 de marzo de 2010. Seis cuarenta y cinco de la mañana. Nuestro Himno Nacional Mexicano enchina la piel. A las 7 empieza el arranque de las embarcaciones
El muelle en la ribera de la presa Fernando Hiriart, Zimapán. Área de pesado de lobinas
Equipo de jueces de la propia comunidad de Tzibanzá
Abdelaxis Rizo y nuestro guía Abel
Un kilogramo y medio de pura fuerza, Mi primera golona de Zimapán
Genio y figura… hasta la sepultura. Sáenz y Abdelaxis
¡Puro Michoacán! Alejandro Pérez, Rafael Malpica, Jesús Mora Sáenz, Abdelaxis Rafael Rizo, Mario Gutiérrez, César Jimeno, Carlos Jimeno y Shadi Ramos
Britania Morelia Bass Team del club de pesca Lobineros de Michoacán
Sáenz y Shadi del equipo Aminowanas del club de pesca Lobineros de Michoacán
Los Genoma Bass subiendo la lancha, listos para el duro regreso a Apatzingán
Tabla final con resultados de la primera fecha del Torneo Bicentenario de Zimapán
Las golonas de Bichos Bass y Michoacán Bass (Alejandro Pérez y Mario Gutiérrez)
Comité organizador con los triunfadores de la primera fecha del Séptimo Serial Bassqro, Torneo del Bicentenario. Allí, los michoacanos Geothylpis, Doc Mario, Genoma y Carlos
César y Carlos Jimeno Padilla
Mario y Alejandro
Un saludo ya tradicional
