Grandes dinosaurios herbívoros habitaban la Antártida

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Estos gigantescos comedores de plantas alcanzaron una distribución mundial durante el Cretácico. Un tiranosaurio. Imagen: ABC

Madrid, España, 24 de diciembre de 2011, ABC.- La presencia de grandes dinosaurios herbívoros ha sido registrada por primera vez en la Antártida. Hasta ahora, los restos de saurópodos -una de las especies más extendidas de dinosaurios herbívoros - habían sido recuperado de todas las masas continentales, excepto en el continente helado.

El doctor Ignacio Alejandro Cerda, del CONICET en Argentina, y su equipo de identificación de restos de dinosaurios saurópodos sugiere que los titanosaurios avanzados (comedores de plantas) alcanzaron una distribución mundial, al menos durante el Cretácico superior. Su trabajo ha sido publicado en línea en la revista de The Science of Nature.

Los saurópodos son el segundo grupo más diverso de dinosaurios, con más de 150 especies reconocidas. Incluye los mayores vertebrados terrestres que jamás haya existido. Aunque muchos restos de saurópodos se han descubierto en América del Norte y del Sur, África, Asia, Australia y Europa, no existía un registro anterior de saurópsido en la Antártida.

La vértebra de la cola
Otros importantes descubrimientos de dinosaurios han tenido lugar en la Antártida en los últimos veinte años, principalmente en la Cuenca Ross. Cerdá y sus colegas han reportado el primer hallazgo de un dinosaurio saurópodo en este continente y proporcionado una descripción detallada de un pedazo incompleto de la vértebra de la cola, recuperada en la isla James Ross. El tamaño y la morfología específica de la muestra, incluyendo su bola distintiva, llevan a los autores a identificar un titanosaurio avanzado.

Estos titanosaurios se originaron durante el Cretácico Temprano, y son el grupo predominante de los dinosaurios saurópodos hasta la extinción de todos los dinosaurios no-aves al final del Cretácico. A pesar de que fue una de las especies más extendidas y exitosas de dinosaurios saurópodos, su origen y dispersión no se entienden completamente.

Los autores concluyen: "Nuestro descubrimiento, y el correspondiente informe, de estos restos de dinosaurio saurópodo en la Antártida mejoran nuestro conocimiento actual de las especies de dinosaurios durante el Cretácico Tardío en el continente". El período cretácico se extendió desde 99,6 hasta 65,5 millones de años, y terminó con la extinción de los dinosaurios.

Descubierto un nuevo primate en Cataluña

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Los dientes del primate encontrados en el yacimiento. Pesaba menos de 5 kilos, se alimentaba de fruta y vivió hace once millones de años en el Valle del Penedés. Foto: IPC

Madrid, España, 20 de diciembre de 2011, ABC.- Un simio desconocido hasta ahora vivió en el Valle del Penedés (Cataluña) hace once millones de años. Se trata de un animal pequeño, de unos 4 ó 5 kilos de peso, que se alimentaba de frutas y hojas y cuyo aspecto es más similar al de un mono que al de un simio antropoformo, como puede ser un orangután. Investigadores del Instituto Catalán de Paleontología (ICP) han descubierto el nuevo género de primate pliopitécido a partir de restos fósiles del yacimiento de Castell de Barberà que ya habían sido hallados hace treinta años. La descripción de la nueva especie, bautizada como Barberapithecus huerzeleri, aparece publicada en la revista American Journal of Physical Anthropology con la firma del investigador Miquel Crusafont.

El Barberapithecus huerzeleri recibe su nombre en reconocimiento de la localidad donde se ha encontrado y del paleontólogo suizo Johannes Hürzeler, conocido por sus contribuciones a la paleoprimatología. Los restos dentales recuperados incluyen 15 dientes de una hembra, que representan gran parte de la dentición definitiva. Se incluyen también un diente premolar aislado y un canino de otros individuos.

Los pliopitécidos son un grupo primitivo de catarrinos (también conocidos como los simios del Viejo Mundo), que aparentemente se originó antes de la divergencia entre los monos del Viejo Mundo (los cercopitecoideos) y el grupo de los antropomorfos y los humanos (los hominoideos). Las relaciones de parentesco entre los pliopitécidos y el resto de catarrinos son todavía poco claras. Se caracterizan por presentar sólo dos premolares, al igual que otros catarrinos, así como una morfología dentaria particular, con unas crestas del esmalte que constituyen el llamado “triángulo pliopitecino” en los molares inferiores. Hasta el momento, gran parte de los restos fósiles recuperados en las diferentes localidades son, de hecho, restos dentales.

Los pliopitécidos son un grupo exclusivamente euroasiático, a pesar de que fue originado a partir de ancestros africanos todavía por determinar. De hecho, los pliopitécidos fueron los primeros catarrinos en dispersarse desde África hacia Eurasia, donde experimentaron una radiación evolutiva en un continente hasta entonces vacío de otros simios.

En otro artículo publicado por investigadores del ICP en el mismo número de esta revista, se documenta el hallazgo de un diente que representa el resto fósil más antiguo de este grupo de primates en la Península Ibérica, con una antigüedad de 12 millones de años y que ha sido encontrado en el Abocador de Can Mata.

Carnotauro, el depredador veloz
José Manuel Nieves

Carnotauro, el depredador veloz

Mucho más mortífero de lo que se creía, este carnívoro de 7 metros de longitud poseía una descomunal musculatura posterior que le convertía en uno de los mayores corredores de su época. Imagen: Universidad de Alberta

 

Madrid, España, 21 de octubre de 2011, ABC.- El Carnotauro, un dinosaurio carnívoro de más de siete metros de longitud que vivió en lo que hoy es América del Sur a finales del Cretácico (hace unos 65 millones de años), era mucho más mortífero de lo que hasta ahora se creía. Esa es la conclusión de un grupo de investigadores de la Universidad de Alberta tras descubrir que el gran depredador poseía una descomunal musculatura posterior que le convertía en uno de los mayores corredores de su época. El estudio acaba de publicarse en PLOS One.

Se trataba, incluso antes de este descubrimiento, de uno de los depredadores más formidables que jamás hayan existido. Su gran tamaño y su formidable mandíbula hacían de este dinosaurio terópodo y dotado de dos pequeños cuernos, un adversario temible, capaz de dar caza y muerte a los grandes herbívoros que convivían con él. Pero El investigador Scott Persons ha dado un paso más al volver a examinar el molde del esqueleto de un Carnotauro en el Museo de Los Angeles.

"El músculo caudofemoral tenía un tendón que lo unía a los huesos superiores de sus patas -afirma Persons-. La combinación del gran tamaño de ese músculo con el tendón conferían al Carnotauro unas extremidades posteriores robustas, atléticas y capaces de proporcionar una gran cantidad de energía para la locomoción". En otras palabras, la flexión de este juego muscular entre la potente cola y sus muslos confería al Carnotaurus una gran potencia y velocidad en cada paso que daba.

En una investigación anterior, Persons ya había encontrado una estructura similar en el famoso Tyrannosaurus rex. "Hasta entonces -recuerda el investigador- la mayoría de los paleontólogos pensaban que la gran cola del Rex solo servía de contrapeso a su enorme cabeza".

Una cola rígida
Ahora, su examen de la poderosa cola del Carnotauro demuestra que los huesos a modo de costillas que recorren esa extremidad en toda su longitud servían en realidad para sujetar una potente musculatura capaz de dar un enorme impulso a sus patas durante una carrera.

Las simulaciones informáticas realizadas muestran cómo funcionaba este sofisticado mecanismo locomotor, y Persons asegura que muy pocos, o ninguno, de los dinosaurios que convivieron con el Carnotauro pudieron competir con él en velocidad. El análisis de Persons, sin embargo, ha encontrado una única desventaja. Y es que "la cola era rígida, algo que impedía al cazador realizar giros y cambios de dirección muy rápidos".

"Imagine que es usted -continúa el paleontólogo- un pequeño dinosaurio herbívoro en las llanuras de la Argentina prehistórica, y que tiene la mala suerte de estar siendo perseguido por un Carnotauro hambriento. Su mejor apuesta sería la de hacer un montón de fintas y giros rápidos, porque en una carrera en línea recta nunca podría vencer al Carnotauro".

El culpable de matar a los dinosaurios fue otro

El culpable de matar a los dinosaurios fue otro
El gran asteroide impactó con otro y envió a la Tierra un fragmento tan grande como una montaña. La NASA cree imposible que un asteroide Baptistina causara la gran extinción del Cretácico hace 65 millones de años y reconoce que el misterio sigue sin resolver. Imagen: NASA/JPL-CALTECH

Madrid, España, 27 de septiembre de 2011, ABC.- Las últimas observaciones de la sonda WISE (Wide-field Infrared Survey Explorer) de la NASA niegan que un asteroide de la familia Baptistina fuera el causante de la desaparición de los dinosaurios en la Tierra hace 65 millones de años, lo que mantiene sin resolver uno de los grandes misterios ocurridos jamás en la Tierra. Los científicos están convencidos de que un gran asteroide impactó en nuestro planeta y causó la extinción de los dinosaurios y de algunas otras formas de vida, de eso no hay duda, pero no saben exactamente de dónde llegó esa roca apocalíptica o cuál fue su trayectoria. En definitiva, el responsable de matar a los dinosaurios todavía es un desconocido.

En 2007 un estudio realizado por científicos del Instituto de Investigación Southwest, en Colorado, con telescopios terrestres apuntaba por primera vez como sospechoso de exterminar a los dinosaurios a un pedazo de un gigantesco asteroide de la familia Baptistina, situado en el cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter. Según esa teoría, el asteroide tipo Baptistina impactó con otro asteroide del cinturón hace 160 millones de años. La colisión hizo que se despedazaran fragmentos tan grandes como montañas. Uno de ellos, supuestamente de unos 10 kilómetros, es el que habría llegado a la Tierra y causado la gran extinción del Cretácico. La evidencia es un enorme cráter en el Golfo de México, el de Chicxulub, y minerales raros en el registro fósil, comunes en los meteoritos, pero que rara vez se encuentran en la corteza terrestre.

Desde que este escenario fue propuesto, algunos científicos han encontrado pruebas para refutarlo, aunque no de forma definitiva. Ahora, las nuevas observaciones de la sonda WISE realizadas con sus instrumentos de infrarrojos han dejado libre de sospecha a este asteroide.

No ha habido tiempo
Desde enero de 2010 a febrero de 2011, WISE ha escaneado el cielo entero dos veces en luz infrarroja. La sonda ha catalogado más de 157.000 asteroides en el cinturón principal y ha descubierto más de 33.000 nuevos. El equipo examinó la reflectividad y el tamaño de 120.000 asteroides en el cinturón principal, incluidos 1.056 miembros de la familia Baptistina, y descubrió que la ruptura del asteroide padre se produjo hace unos 80 millones de años, menos de la mitad del tiempo sugerido anteriormente.

Estos cálculos fueron posibles porque el tamaño y la reflectividad de los miembros de una familia de asteroides indican cuánto tiempo se requeriría para alcanzar sus ubicaciones actuales. Los asteroides más grandes no se dispersarían en sus órbitas tan rápido como los más pequeños.

Con estos datos, los investigadores pudieron calcular cuánto tiempo le llevaría a los miembros Baptistina para alcanzar su posición actual. Los resultados muestran que para que uno de estos asteroides fuera el culpable de la extinción, tendría que haber impactado en la Tierra en menos tiempo de lo que se creía anteriormente para causar la desaparición de los dinosaurios. Según Amy Mainzer, investigadora principal del proyecto NeoWISE (una extensión de la misión primaria de este satélite de la NASA) en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA (JPL), el asteroide no ha tenido tiempo para causar la extinción. «Como resultado de la investigación, la muerte de los dinosaurios queda sin resolver», añade Lindley Jonhson, del programa de observación de NEOS (Objetos Cercanos a la Tierra) en las oficinas de la NASA en Washington.

El asteroide que acabó con los dinosaurios sigue «en libertad». Con los datos obtenidos por WISE, los científicos trabajan en un «árbol genealógico» de las clases de asteroides que hay en el cinturón para tratar de encontrar al verdadero culpable.

Lucha titánica entre un cocodrilo gigante
y la serpiente más grande del mundo

Judith de Jorge

Lucha titánica entre un cocodrilo gigante y la serpiente más grande del mundo
El Acherontisuchus guajiraensis, de 60 millones de años (dcha.), con Titanoboa al fondo. Imagen: Danielle Byerley

Madrid, España, 25 de septiembre de 2011, ABC.- Parece una escena sacada de una película de monstruos de serie B, pero los paleontólogos creen que podría haber ocurrido en los ríos de Colombia hace 60 millones de años. Esta era la tierra de Titanoboa, la serpiente más grande del mundo, una gigantesca criatura de unos trece metros de largo -como un autobús-, y 1,25 toneladas de peso cuyos restos fosilizados aparecieron hace cuatro años en El Cerrejón, una de las mayores minas de carbón a cielo abierto del mundo. Pero este tremendo animal tenía compañía. Y era peligrosa. Investigadores de la Universidad de Florida publican en la revista Palaeontology el descubrimiento en la misma zona de una especie extinta, un pariente de los cocodrilos modernos de unos 6 metros de longitud que podría haber entablado cruentas batallas con Titanoboa. El hallazgo permitirá a los científicos conocer mejor la diversidad biológica en los antiguos ecosistemas de selva tropical.

Este viejo familiar de los cocodrilos, bautizado como Acherontisuchus guajiraensis por el río Acheron de la mitología griega, que es «el río del dolor», ya que vivía en un ancho río que desembocaba en el Caribe, tenía un hocico largo, estrecho y lleno de dientes puntiagudos, lo que indica una especialización en la caza de peces. De hecho, es el primer animal terrestre del Paleoceno, época inmediatamente posterior a la extinción masiva del final del Cretácico -que marca la desaparición de los dinosaurios-, especializado en comer pescado, lo que significa que competía con Titanoboa por la comida, una rivalidad que podría haberles llevado a brutales enfrentamientos. «Con seguridad, los ejemplares más jóvenes corrían riesgos con Titanoboa, pero los más grandes podrían haber sido demasiado para la serpiente», explica Alex Hasting, principal autor del estudio.

Supervivientes de la extinción
La nueva especie es un dirosáurido, comúnmente considerado un reptil del océano, pero los restos de nuevos especímenes adultos desafían las teorías anteriores de que estos animales solo entraban en ambientes de agua dulce como crías antes de volver al mar. Los fósiles demuestran que los dirosáuridos jugaron un importante papel en la zona.

Lo mismo que extinguió a los dinosaurios acabó con la mayoría de los cocodrilos que vivían en la época, pero los dirosáuridos, procedentes originalmente de África hace 75 millones de años y que cruzaron el Atlántico hasta llegar a Sudamérica, fueron uno de los pocos grupos que consiguieron salvarse. Para los investigadores, conocer cómo estos antiguos cocodrilos se desenvolvieron en esas áreas selváticas, donde la temperatura era más alta que la actual, y se arreglaron para sobrevivir a algunas catástrofes en las que otras especies sucumbieron supone encontrar claves que pueden ser importantes en el futuro. «Nos estamos enfrentando a algunos cambios ecológicos graves. Muchos de ellos tienen que ver con el clima. Si queremos entender cómo los seres vivos responderán a los cambios en el clima, tenemos que entender cómo lo hicieron en el pasado», señala el profesor de paleontología Christopher Brochu.

El otro enemigo de Titanoboa

El Acherontisuchus guajiraensis no fue el único antecesor de los cocodrilos con el que se vio las caras Titanoboa. Hace un años, los paleontólogos de la Universidad de Florida presentaban al Cerrejonisuchus improcerus, de unos 2 metros de largo, lo que le convertía en una presa fácil para la serpiente. Su pequeño tamaño resultó una sorpresa en comparación con los reptiles gigantes que vivían durante la época. Fósiles de ambas especies han sido encontrados juntos en la mina de El Cerrejón.

Una pequeña musaraña, la «bisabuela» de los mamíferos
Judith de Jorge

Una pequeña musaraña, la «bisabuela» de los mamíferos
El hallazgo en China de un fósil de 160 millones de años supone un hito en la comprensión de la evolución. La Juramaia sinensis, de caza en un árbol. Imagen: Mark A. Klinger

Madrid, España, 27 de agosto de 2011, ABC.- Se llama Juramaia sinensis -algo así como «la madre jurásica de China»- y habitó el noreste del gran país asiático hace 160 millones de años. Esta pequeña musaraña, cuyos restos han aparecido prácticamente intactos, puede ser, en palabras de los propios investigadores, la «bisabuela» de todos los mamíferos placentarios, aquellos que proporcionan alimento a sus crías aún no nacidas a través de la placenta y que suponen el 90% de todos los mamíferos de la Tierra, incluido, por supuesto, el ser humano. Según los investigadores, el fósil representa un nuevo hito en la evolución de los mamíferos, un hito importante que se alcanzó 35 millones de años antes de que lo se creía hasta el momento.

La investigación, dirigida por el paleontólogo Zhe-Xi Luo del Museo Carnegie de Historia Natural y que aparece publicada en la revista Nature, señala a la Juramaia como el primer fósil conocido de los euterios, el grupo que evolucionó para incluir a todos los mamíferos placentarios. La musañara proporciona evidencias de la fecha en la que se separaron los mamíferos euterios de los otros mamíferos: los metaterios -cuyos descendientes son los marsupiales como los canguros- y los monotremas, como el ornitorrinco. «Juramaia es la bisabuela de todos los mamíferos placentarios que prosperan hoy día», dice Luo.

El fósil fue descubierto en la provincia de Liaoning, en el noreste de China. Tiene un cráneo incompleto, parte del esqueleto y, lo que es más importante, impresiones de tejidos blancos residuales como el pelo. Aún más sorprendente fue el hallazgo de sus dientes completos y los huesos de las patas delanteras, que permitió a los paleontólogos situar al animal cerca de los mamíferos placentarios vivos, algo «crucial» para entender su evolución.

Capaz de subir a los árboles
Conocer cuándo una especie se dividió en dos linajes descendientes se encuentra entre la información más importante que puede tener un científico de la evolución. Antes del descubrimiento de esta musaraña, el punto de divergencia de los euterios de los metaterios planteaba un dilema. Las pruebas de ADN sugerían que los euterios habían aparecido hace unos 160 millones de años, pero no había evidencias fósiles tan antiguas. Juramaia viene a ocupar ese hueco.

La musañara tenía unas características determinadas que pudo ayudarla a sobrevivir en el difícil ambiente del Jurásico. Sus extremidades anteriores estaban adaptadas para la escalada. Ya que la mayoría de los mamíferos del Jurásico vivían exclusivamente en el suelo, la capacidad de escapar por los árboles y explorar las copas podría haber permitido a estos mamíferos explotar una zona del entorno desconocida, lo que allanó su camino hacia el éxito.

El reptil gigante que paría crías vivas
Judith de Jorge

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El doble fósil de la madre de Plesiosaurio y su embrión. Museo de Historia Natural de Los Ángeles

Madrid, España, 15 de agosto de 2011, ABC.- Científicos del Museo de Historia Natural de Los Ángeles han encontrado la primera evidencia de que los plesiosaurios, unos gigantescos reptiles que nadaban en los mares del mundo hace entre 200 y 65 millones de años, parían vivas a sus crías en vez de poner huevos. La clave se encuentra en un fósil único, ahora expuesto al público en el mismo museo, de una hembra embarazada que, sorprendentemente, contiene un embrión. El descubrimiento aparece publicado en la revista Science.

Aunque este tipo de nacimiento, llamado viviparidad, también se ha documentado en otros grupos de reptiles acuáticos del Mesozoico, nunca antes se había descubierto en la importante familia de los plesiosaurios. Este hecho había desconcertado a los científicos, que sabían que el cuerpo los de los plesiosaurios, reptiles gigantes, carnívoros y de cuatro aletas, no se adaptaba bien a abandonar el agua, moverse por tierra y poner huevos en un nido.

Detalle del embrión
Un ejemplar adulto de Polycotylus latippinus de 78 millones de años de y 15,4 metros de largo vino a resolver el misterio. El fósil, descubierto en 1987 en un rancho del condado de Logan Bonner, en Kansas -casi completo con la excepción de algunas partes de cuello y el cráneo de la madre-, contiene dentro un esqueleto embrionario que muestra la mayor parte de un cuerpo en desarrollo, incluyendo las costillas, veinte vértebras, los hombros y las caderas, entre otros huesos. Para Robin O'Keefe, investigador de la Universidad Marshall en Huntington (Virginia Occidental, EE.UU.) y responsable del estudio, estos fósiles no dejan lugar a dudas de que los plesiosauros daban a luz a sus crías vivas en vez de poner los huevos en la tierra.

Una sola cría
Además, el embrión es muy grande en comparación con la madre, mucho más grande de lo que los científicos podían esperar, por lo que creen que estos animales parían una sola cría de gran tamaño, vivían en grupos sociales y se comprometían en los cuidados maternos, como las ballenas o delfines modernos.

Los plesiosaurios no tienen parientes vivos conocidos, pero eran comunes en los océanos del mundo durante la época de los dinosaurios. Se encontraban entre los principales depredadores de la vida marina en las aguas tropicales que separaron América del Norte durante el Cretácido, cuando las aguas del Océano Ártico y del Golfo de México inundaron el continente y se encontraron. Esta especie prehistórica pasó al bestiario popular hace unos años, cuando varias vértebras de un ejemplar aparecieron en el legendario lago Ness. El hallazgo sirvió para remover el cuento aunque, en realidad, cuando un plesiosaurio se paseó de verdad por la zona ni siquiera existía el lago.

El cocodrilo con cabeza de perro que comía dinosaurios
José Manuel Nieves

El cocodrilo con cabeza de perro que comía dinosaurios
Descubierto en Brasil, tenía enormes colmillos, un cuerpo bien proporcionado y largas patas que le permitían correr detrás de sus presas. Cráneo del Pissarrachampsa sera. Foto: Hans Larsson

Madrid, España, 15 de agosto de 2011, ABC.- El hallazgo en Brasil de un raro fósil de cocodrilo bípedo, con enormes colmillos y la cara parecida a la de un perro, arroja nueva luz sobre una extraña pero temible familia de depredadores que, hace setenta millones de años, vivió y prosperó al final de la era de los dinosaurios.

"A pesar de que los cocodrilos modernos tienen cabezas chatas y bajas -afirma Hans Larsson, de la universidad canadiense de McGill- este nuevo hallazgo nos ofrece la primera perspectiva detallada de la anatomía de la cabeza de este extraño grupo de cocodrilos extintos, de la familia de los baurosúquidos, de talle alto, cabezas como las de los perros, con grandes caninos, cuerpos bien proporcionados y provistos de largas patas".

La criatura ha sido denominada Pissarrachampsasera, algo así como "el último cocodrilo de la pizarra", ya que fue de los últimos fósiles encontrados en un yacimiento brasileño durante la campaña de 2008.

La reconstrucción del animal muestra a las claras que no estamos ante el clásico cocodrilo que se puede encontrar dormitando en la orilla de un río. "Las rocas en las que hallamos los fósiles -asegura Felipe Montefeltro, paleontólogo de la Universidad de Sao Paulo- igual que otras de los alrededores, sugieren que hace setenta millones de años la región era seca y muy cálida".

Por eso, los investigadores creen que los hábitos y la forma de vida de estos depredadores fue, muy posiblemente, similar a la de los perros salvajes de la actualidad. Y el número y tamaño de sus dientes sugiere que estos cocodrilos se alimentaron de animales que tenían más o menos su misma talla (entre 4,5 y 6 metros), lo que incluye dinosaurios y otros reptiles que habitaban la zona en aquella época.

A diferencia de los cocodrilos clásicos, que se arrastran por el suelo sobre sus cortas patas, Pissarrachampsa sera era capaz de galopar sobre sus largas patas y perseguir a sus presas, a las que laceraba con sus grandes colmillos.

Sin embargo, y a pesar de las enormes diferencias con los demás cocodrilos, tanto prehistóricos como actuales, Pissarrachampsa sera comparte con ellos rasgos como una armadura externa de placas óseas, huesos de superficie rugosa y poderosos anclajes de hueso para los músculos encargados de abrir y cerrar las mandíbulas.

Caninos largos y cara achatada
Incluso entre sus parientes más cercanos, los baurosúquidos, este nuevo fósil presenta características anatómicas únicas, como los caninos, inusualmente largos, la cara achatada, su altura o su cráneo, mucho más fino que el de sus congéneres.

"Nos enfrentamos a un linaje excepcionalmente divergente dentro de la familia de los cocodrilos prehistóricos -asegura Montefeltro-. Deben de existir muchos fósiles que aún no hemos encontrado y que enlacen a este cocodrilo con los que existieron antes y después de él".

Actualmente, los investigadores trabajan en una reconstrucción digital de la cavidad craneal del fósil. Cuando esté terminada, sabremos el tamaño y la forma que tenía el cerebro de esta criatura y sus capacidades visuales y auditivas. Estos resultados se presentarán este mismo otoño en el encuentro anual de la Sociedad de Paleontología de Vertebrados.

El último dinosaurio antes del impacto
José Manuel Nieves

El último dinosaurio antes del impacto
Imagen: ABC

Madrid, España, 14 de julio de 2011, ABC.- Un equipo de investigadores de la Universidad de Yale acaba de hacer público el descubrimiento del que fue uno de los últimos dinosaurios vivos justo antes del impacto de un gran meteorito hace 65 millones de años. El hallazgo indica que los dinosaurios prosperaban antes del impacto y asesta un duro golpe a la idea de que se extinguieron gradualmente mucho tiempo antes y debido a otras causas.

Se trata del cuerno fosilizado de un ceratopsio (un dinosaurio parecido al famoso Triceratops) hallado en Montana hace ya un año. Pero lo más destacado es que el fósil ha aparecido apenas cinco milímetros por debajo del límite K-T, la fina capa oscura de sedimentos (ricos en iridio, metal escaso en la Tierra y muy abundante en muchos meteoritos) que marca la frontera entre los periodos Cretácico y Terciario y que coincide con la extinción de los dinosaurios hace 65 millones de años.

De hecho, por encima del límite K-T ya no existen fósiles de dinosaurio, lo que indica su súbita desaparición.

Desde que la teoría del impacto fue propuesta por primera vez hace ya más de treinta años, muchos científicos, la mayoría, se han ido sumando a ella. Sin embargo, la aparente falta de fósiles de dinosaurios no avianos (tiranosaurios, triceratops, picos de pato, etc) en los primeros tres metros por debajo del límite K-T ha llevado a otros paleontólogos a concluir que cuando el meteorito cayó, los dinosaurios ya habían desaparecido.

Es decir, que se extinguieron gradualmente por otras causas y mucho antes del impacto.

"Este descubrimiento - afirma Tyler Lyson, autor principal del estudio que se ha publicado en Biology Letters- sugiere que esta anomalía de los tres metros estériles no existe. El hecho de que este espécimen estuviera tan cerca del límite K-T indica que por lo menos algunas especies de dinosaurios se encontraban bien antes de la caída del meteorito".

A pesar de que Lyson y su equipo no han podido determinar la edad exacta del fósil, los datos indican que debió vivir entre algunas decenas de miles y unos pocos miles de años antes del demoledor impacto. Lo que le convierte en el dinosaurio más cercano que tenemos al momento en que se produjo la catástrofe.

Al principio, los descubridores del fósil pensaban que los restos se encontraban a cerca de un metro por debajo del límite K-T, pero pronto se dieron cuenta de que se encontraba pegado a esa frontera (y por lo tanto al momento de la caída del meteorito)

Hallan un fósil de cocodrilo a más de 700 metros de altura
en el Pirineo aragonés

Roberto Pérez

Hallan un fósil de cocodrilo a más de 700 metros de altura, en el Pirineo aragonés 
Ha sido localizado en Arén (Huesca) y tiene 65 millones de años de antigüedad. Cráneo fosilizado de cocodrilo encontrado en un yacimiento paleontológico del Alto Aragón. Foto: ABC

Zaragoza, España, 3 de julio de 2011, ABC.- Lo que hoy son grandes montañas fueron, hace millones de años, unos islotes. Tuvo que pasar mucho tiempo hasta que el movimiento de las masas continentales dieran lugar a la cordillera que conocemos, a los grandes picos, a los valles, a la cordillera pirenaica en definitiva. Cuando en la tierra los dinosaurios imponían su poderío, en los islotes que asomaban de lo que hoy es el Pirineo había cocodrilos. Distintos, pero no mucho, a los que han llegado a nuestros días.

El Pirineo, por eso, apasiona a los científicos dedicados a desentrañar ese hondo pasado de la Tierra. En el término municipal de Arén (Huesca) hay seis yacimientos paleontológicos en los que trabajan los investigadores desde hace años. Y allí han dado con un hallazgo excepcional: el cráneo fosilizado de un cocodrilo de 65 millones de años, bautizado como «Arenysuchus gascabadiolorum». Es el más antiguo de Europa y el segundo más antiguo del mundo. El hallazgo se produjo en 2008, pero se ha hecho público esta semana. Ha sido recuperado y estudiado por investigadores del grupo Aragosaurus-IUCA de la Universidad de Zaragoza.

Según el trabajo de estos científicos, ese fósil correspondería a un cocodriloide de pequeño tamaño, con una longitud que oscilaría entre 1 y 1,5 metros. Explican que su aspecto y su modo de vida serían muy similares al de los cocodrilos actuales. El cráneo de «Arenysuchus» fue descubierto en la localidad oscense de Arén por los paleontólogos José Manuel Gasca y Ainara Badiola, del grupo de investigación Aragosaurus-IUCA, que coordina José Ignacio Canudo. El trabajo de estos científicos acaba de ser publicada por la prestigiosa revista especializada «PloS ONE».

Hasta ahora se creía que Europa, en aquel momento de la historia de la Tierra, era un cojunto de islas aisladas, infranqueables. Sin embargo, el hallazgo de este cráneo fosilizado de cocodrilo apunta a que no había tanto aislamiento. El ejemplar hallado en Arén (Huesca) es muy similar al de otros conocidos hallados en América, lo que apuntaría a que sí que existió intercambio y migraciones entre especies.

Los dinosaurios, más altos de lo que creíamos

Los dinosaurios, más altos de lo que creíamos
El gigantesco Allosaurus del Museo de Historia Natural de Berlín puede ser aún más grande. Foto: AFP

Madrid, España, 22 de mayo de 2011, ABC.- Un grupo de científicos estadounidenses puede cambiar la forma en que miramos las reproducciones y los fósiles de dinosaurios en los museos. Aseguran que estos animales eran en realidad sensiblemente más altos de lo que creíamos hasta ahora, ya que, al contrario de lo que les sucede a los mamíferos, tenían gruesas capas de cartílagos en sus articulaciones que no han sido tenidas en cuenta, ya que estos tejidos son frágiles y desaparecen con el paso del tiempo. Esto significa que la altura real de un dinosaurio era alrededor de un 10% superior a la estimada. Estos «tacones» varían según el animal. El Brachiosaurus, por ejemplo, podía añadir 30 centímetros a su altura de 13 metros.

Los mamíferos tienen pequeñas protrusiones al final de cada hueso que ayudan a conectarse con el siguiente hueso. Según los investigadores de las universidades de Missouri y Ohio, los dinosaurios, en cambio, carecen de estos elementos, por lo que necesitan contar con gruesas capas de cartílagos en sus articulaciones, una almohadilla que los hacen mucho más altos. Según el director del estudio, Casey Holliday, esto demuestra "que los dinosaurios eran significativamente más altos de lo que se estimaba originalmente".

Holliday ha explicado que los finales de muchos huesos largos de dinosaurio, que incluyen los huesos de las patas como el fémur o la tibia, son redondeados y fuertes y carecen de las principales estructuras de articulación como los cóndilos, que son proyecciones óseas. Esto indica que estas estructuras estaban formadas por cartílagos muy gruesos.

Los huesos de los dinosaurios son diferentes a los de los mamíferos, incluyendo a los humanos. Los mamíferos tienen pequeñas protrusiones al final de cada hueso que le ayudan a conectarse con otro hueso en una articulación, como dos piezas de un rompecabezas. Los huesos están vinculados por una capa muy fina de cartílago, que les proporciona amortiguación en la articulación. El cartílago a menudo se desgasta y conduce a trastornos dolorosos como la artritis.

Marcas en los huesos
En cambio, los huesos de los dinosaurios tienen terminaciones redondeadas, por lo que no existe una forma clara en que pueda conectarse un hueso con otro. Las estructuras de tejido liso como el cartílago y los músculos dejan marcas en los huesos, lo que permite a los paleontólogos averiguar los atributos físicos de los dinosaurios. Los lagartos tienen huesos redondeados lisos mientras que los avestruces jóvenes tienen superficies rugosas que marcan el lugar en el que los vasos sanguíneos alimentan las grandes estructuras cartilaginosas en las articulaciones. Ambas características son similares en los huesos de los dinosaurios.

Los investigadores estimaron cuánto podían «crecer» los dinosaurios con este factor corrector del cartílago. Muchos dinosaurios terópodos, como el Tyrannosaurus, eran más altos, pero sólo un poco. Sin embargo, los ornitisquios y los saurópodos, como el Triceratops y el Brachiosaurus, respectivamente, eran un 10% más altos o incluso más. El Brachiosurus, al que se tradicionalmente se le atribuye una altura de 13 metros, puede ganar 30 centímetros adicionales.

De ser así, el estudio demuestra que los huesos no siempre hablan por sí mismos, y que los montajes de fósiles de dinosaurios en los museos pueden estar equivocados y no reflejar fielmente la altura real de estas criaturas. El estudio aparece publicado en la revista PLoS ONE.

El olfato, la clave para ser más listos
Judith de Jorge

El olfato, la clave para ser más listos
Fósil del cráneo de un hadrocodium, de doce milímetros. Foto: Mark A. Klingler

Madrid, España, 22 de mayo de 2011, AB.- El cuento puede reescribirse de otra forma. «¿Por qué tienes la cabeza tan grande? Para olerte mejor». No es una versión absurda de la historia, sino un hecho de la evolución que acaba de ser descubierto. Los científicos se han preguntado numerosas veces por qué los mamíferos -incluidos los humanos- han sido capaces de desarrollar cerebros más grandes y complejos que otros animales, cerebros que en algunos casos han crecido hasta diez veces más que el tamaño corporal relativo. Un equipo de paleontólogos cree saber el motivo: facilitar un agudo sentido del olfato. La clave se encuentra en dos diminutos mamíferos de principios del Jurásico con aspecto de musaraña y una sesera más que considerable. La investigación aparece publicada en la revista Science.

Investigadores de las universidades de Texas y St. Mary y del Museo Carnegie de Historia Natural en Pittsburgh (Pensilvania) han dado una pátina científica al dicho popular que relaciona la inteligencia -de alguien que es muy listo se dice que tiene buen olfato-, con esta percepción sensorial. Los científicos utilizaron una técnica de tomografía computarizada con rayos X para estudiar los raros fósiles de los cráneos de dos criaturas, el Morganucodon y el Hadrocodium, de 190 millones de años de antigüedad y cuyos restos fueron encontrados en China. El equipo descubrió que estos animales, dos de las primeras especies conocidas de mamíferos, tenían cerebros mucho más grandes de lo esperado, especialmente si se tiene en cuenta su escasa masa corporal. El Hadrocodium apenas pesaba dos gramos.

Sensibilidad en el vello
La tomografía computarizada permitió a los investigadores observar el interior del cráneo de estos animalillos sin tener que destruir los valiosos fósiles. Después, construyeron un molde virtual de sus cerebros, que fueron comparados con otra docena de fósiles y con los cerebros de 200 especies de mamíferos que viven actualmente. Los resultados, según los científicos, fueron sorprendentes. Incluso hace 190 millones de años, el cerebro de los primeros mamíferos era especialmente grande -en relación a su masa corporal-, con un tamaño que se acerca a las proporciones vistas en los mamíferos modernos.

Tras observar las imágenes tridimensionales, los científicos llegaron a la conclusión de que el cerebro de los mamíferos evolucionó en tres etapas principales: primero mejoró el sentido del olfato; después, el tacto o la sensibilidad del vello corporal, que actuaba como un controlador del espacio, y, finalmente, la coordinación neuromuscular. «Nuestro estudio muestra claramente que la parte olfativa del cerebro y la parte vinculada a la sensación táctil a través de la piel se ampliaron en estos primeros mamíferos», afirma Zhe-Xi, uno de los responsables del artículo.

Las primeras bestias de la noche

Las primeras bestias de la noche
Gargoyle gegcko, de hábitos nocturnos. Foto: Lars Schmitz

Madrid, España, 17 de abril de 2011, ABC.- La película Jurassic Park acierta en uno de sus argumentos: Los velociraptores cazaban de noche mientras que los grandes herbívoros merodeaban a todas horas. Un nuevo análisis de los ojos de los dinosaurios coincide con el filme. Podían ver con luz tenue y eran probablemente activos cuando se ponía el Sol, momento que muchos aprovechaban para salir de caza. Estos hallazgos, que desafían la creencia popular de que el reino de estos animales pertenecía a la luz del día y que fueron los mamíferos los primeros que hacían salidas nocturnas, aparecen publicados en la revista Science.

«Fue una sorpresa, pero tiene sentido», asegura Ryosuke Motani, profesor de geología en la Universidad de California Davis y coautor del artículo. El investigador y su equipo descubrieron los hábitos cotidianos de los dinosaurios a través del estudio de sus ojos. Los dinosaurios, lagartos y aves tienen en sus ojos un anillo óseo llamado «anillo escleral», una estructura que está ausente en los mamíferos y los cocodrilos. Schmitz y Motani midieron las dimensiones interna y externa de este anillo, más el tamaño de la cuenca del ojo, de 33 fósiles de dinosaurios, pterosaurios y aves ancestrales. Además, tomaron las mismas medidas en 164 especies vivas.

Durante el día, los animales tienen una pequeña abertura en el centro del anillo. En los animales nocturnos, la apertura es mucho más grande. En los animales Cathemeral -activos tanto de día como de noche- tiende a ser media.

El tamaño de esta abertura es afectada por el entorno (ecología) de la especie, así como por su ascendencia (filogenia). Por ejemplo, dos animales estrechamente relacionados podrían tener una forma de los ojos similares a pesar de que uno esté activo durante el día y la otra por la noche. Schmitz y Motani utilizó un programa de ordenador para separar la «señal ecológica» de la «señal filogenética».

Al observar 164 especies que viven en la actualidad, el equipo pudo confirmar que las mediciones de los ojos son muy precisas para predecir si los animales están activos solo durante el día, de noche o durante 24 horas. A continuación, aplicó la técnica a los fósiles de dinosaurios herbívoros y carnívoros, reptiles voladores llamados pterosaurios y aves ancestrales.

Activos todo el día para comer
Las mediciones revelaron que los grandes dinosaurios herbívoros eran activos tanto de día como de noche, probablemente porque tenían que comer la mayor parte del tiempo, a excepción de las horas más calurosas del día, cuando era necesario esconderse para evitar el sobrecalentamiento. Los megaherbívoros modernos, como los elefantes, siguen el mismo patrón de actividad.

Los velociraptores y otros pequeños carnívoros eran cazadores de la noche. Sin embargo, los investigadores no fueron capaces de estudiar a los grandes carnívoros como el Tyrannosaurus rex, porque no hay fósiles con suficientemente bien conservados de su anillo escleral.

Las criaturas voladoras, incluidas las primeras aves y pterosaurios, eran en su mayoría activos durante el día, aunque algunos de los pterosaurios -incluyendo un animal que probablemente vivió más bien como un pato y otro que se alimenta de peces- tenían más inclinación por las horas oscuras.

Las plantas de flor pudieron surgir millones de años antes de lo pensado

Las plantas de flor pudieron surgir millones de años antes de lo pensado
Eudicotiledónea, un grupo derivado de las angiospermas. Foto: Nature

Madrid, España, 11 de abril de 2011, EP.- Las plantas de flor pudieron surgir millones de años antes de lo pensado, según sugiere un estudio de la Universidad de Indiana en Bloomington (Estados Unidos) que se publica en la revista 'Nature'.

Un fósil bien conservado que representa un brote completo de una planta de flor procedente del periodo cretácico inicial en China sugiere que la evolución de estas plantas productoras de semillas ya se estaba produciendo.

Las plantas de flor, las angiospermas, son de gran interés evolutivo debido a su diversidad y abundancia pero los inicios de su historia son controvertidos. Los científicos, dirigidos por David Dilcher, informan del descubrimiento de un género de angiospermas desconocido hasta el momento y procedente del noreste de China, que podría afectar al conocimiento actual sobre la evolución de las plantas de flor.

La planta, que tiene entre 122 y 125 millones de años, es una eudicotiledónea, un grupo derivado de las angiospermas, que incluye a plantas tan diversas como los repollos y el diente de león.

El ejemplar tiene tres hojas lobuladas y otras características morfológicas que indican que la planta podría también ser un miembro de las ranunculáceas, un amplio orden de plantas que incluyen al moderno ranúnculo o botón de oro.

Esto sugiere que las eudicotiledóneas, de las que el fósil más antiguo datado hasta el momento posee entre 127 y 125 millones de años, y las angiospermas en general podrían ya haberse encontrado en un momento de rápida evolución incluso antes de inicios del Cretácico.

Descubren una extraña especie de animal con «dientes de sable»
Judith de Jorge

El Tiarajudens eccentricus
El Tiarajudens eccentricus lucía un par de dientes de sable. La criatura, con unos caninos de 12 centímetros de longitud que le salían permanentemente de la boca, vivió en Brasil hace 260 millones de años. Imagen: Juan Cisneros

Madrid, España, 3 de abril de 2011, ABC.- «Uno lo ve y no lo cree, parece un animal imposible, como hecho de partes de diferentes criaturas. Es como descubrir un unicornio». Juan Carlos Cisneros, paleontólogo de la Universidad Federal de Pinauí en Ininga, Brasil, reconoce que se quedó de piedra cuando, con la ayuda de sus colegas, descubrió en una hacienda del estado brasileño de Río Grande del Sur parte del cráneo y otros restos de un animal que la ciencia no había descrito jamás. Se trata, según los investigadores, de una nueva especie de herbívoro terápsido, pariente de los mamíferos modernos, que vivió en el Pérmico hace de 260 a 265 millones de años, antes incluso de que aparecieran los dinosaurios. Su aspecto es de lo más insólito. Tiene el tamaño de un perro grande, algo robusto, pero lo que más llama la atención son sus dientes. Además de tener una especie de muelas en el paladar, lo que ya es una rareza, ostentaba un par de caninos de 12 centímetros que salían permanentemente de su boca, como ocurre con los tigres dientes de sable. La investigación aparece publicada en la revista Science.

El equipo de Cisneros bautizó a la extraña criatura como Tiarajudens eccentricus. «'Tiarajud' corresponde al nombre del lugar donde fue encontrado, 'dens' significa dientes y 'eccentricus', extraño», explica a ABC el paleontólogo, experto en vertebrados. El equipo encontró el lado izquierdo del cráneo y diferentes huesos, todos también del lado izquierdo del cuerpo. Los investigadores no saben cómo murió el animal, pero como los huesos aparecieron articulados, muy cerca unos de otros, creen que algún evento lo sepultó rápidamente y pudo llegar así hasta nuestros días.

Lo que más llama la atención del Tiarajudens son sus curiosos dientes. «Tenía muelas en el cielo de la boca, algo que no se ha visto en ningún otro animal», señala Cisneros. Los dientes anchos, con coronas amplias, hechas para masticar plantas fibrosas, indican que se trata de un herbívoro. Por si esto fuera poco, la criatura lucía unos caninos enormes, del tamaño de un crayón o un lápiz de cera, que nacían en el cráneo y quedaban siempre en el exterior, aunque el animal tuviera la boca cerrada. «Resultan muy extraños en un ser que se alimenta de vegetales. Posiblemente pudieron servir para defenderse de sus depredadores, como ocurre con el jabalí o el hipopótamo, para luchar entre los machos en competencia por una hembra o para defender el territorio», indica su descubridor.

El Tiarajudens convivía con otros herbívoros que no masticaban, los pareiasaurios, algunos depredadores dinocéfalos y con anfibios gigantes del tamaño de un cocodrilo. Completaban un curioso zoológico. Su hábitat era desértico, con dunas y pequeños lagos, muy diferente al Brasil actual y más parecido, por ejemplo, a Namibia.

Juan Carlos Cisneros está seguro de que se trata de una nueva especie, y no de algún animal ya conocido con una anomalía. «Son demasiadas características nuevas», insiste. El único ser con el que ha encontrado alguna semejanza es con una criatura llamada «cabeza rara», descubierta hace diez años en Sudáfrica.

Ratas «gigantes» poblaron Canarias hace 2,000 años

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Una peculiar dieta vegetariana aumentó el peso de estos animales en comparación con los que ocupaban la Península. Reconstrucción de Canariomys tamarani. Imagen: López Martínez, et al/Estación Biológica de Doñana

Madrid, España, 9 de marzo de 2011, ASBC.- Dos roedores de gran tamaño, las especies Canariomys bravoi y Canariomys tamarani, poblaron Tenerife y Gran Canaria, respectivamente, hace más de 2.000 años. Ambas especies pesaban más de un kilogramo y eran «gigantes» en comparación con sus hermanos que habitaban la península. Una investigación publicada en Biological Journal of the Linnean Society explica el motivo de su gran tamaño, que tiene que ver con su alimentación. A pesar de vivir aisladas, los análisis de la morfología de la mandíbula y el microdesgaste de los dientes (estudio de los rastros microscópicos de alimentos sobre el esmalte dental) confirman que tuvieron dietas vegetarianas muy parecidas.

“Contrariamente a lo que sugieren sus morfologías dentales, ambos Canariomys tenían dietas similares. Su alimentación se basó esencialmente en materias vegetales no herbáceas”, asegura a la plataforma de noticias científicas SINC Helder Gomes Rodrigues, coautor e investigador en el Instituto de Genómica Funcional de la Escuela Normal Superior de Lyon (Francia). El estudio asocia el gran tamaño de las ratas –superior a un kilogramo-, “demasiado para un roedor perteneciente al grupo de ratas y ratones del Viejo Mundo”, a una adaptación a diferentes regímenes alimentarios.

“La maciza morfología de la mandíbula de los dos Canariomys se debe tanto a un efecto del aumento de la talla (fenómeno conocido como ‘alometría’) que acompaña a menudo la evolución de los roedores en medios insulares, como a la herencia de una adaptación particular o a una nueva adaptación a una dieta vegetariana”, recalca Cyril Firmat, autor principal e investigador en la Universidad de Bourgogne (Francia).

Mandíbula ancha y maciza
El equipo de investigadores empleó dos métodos diferentes para comparar los dos roedores extintos con los actuales, que tienen dietas más variadas. Primero utilizaron los únicos restos disponibles de huesos y dientes fósiles para analizar la morfología de la mandíbula y conocer las preferencias alimentarias.

“Cuanto más vegetariana es una especie de roedor, más ancha y maciza es su mandíbula. El objetivo es soportar mejor las limitaciones biomecánicas impuestas por este régimen”, aclara Gomes Rodrigues.

Los científicos estudiaron también el microdesgaste dentario (basado en los rastros microscópicos dejados por los alimentos sobre el esmalte dental). “El número y la forma de los microrastros caracterizan la naturaleza de los alimentos consumidos por un animal durante los últimos días previos a su muerte”, subraya Firmat.

Los resultados demuestran que los dientes y las mandíbulas de estas robustas ratas endémicas evolucionaron con “relativa” independencia, “porque la morfología de los dientes no concuerda completamente con la de las mandíbulas, ni siquiera con las costumbres alimentarias reveladas por el microdesgaste”, revela el científico español.

Según los autores, la morfología dentaria es más fiel a una herencia continental que la morfología mandibular, “cuya plasticidad se ajusta más rápidamente a la dieta que los dientes”.

Falso hallazgo de «fósiles alienígenas» en un meteorito
José Manuel Nieves

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Una revista de dudosa fiabilidad saca a la luz un polémico artículo científico que había sido rechazado anteriormente. El científico cree que las criaturas halladas en el meteorito se originaron fuera de la Tierra. JC

Madrid, España, 7 de marzo de 2011, ABC.- Richard Hoover, un prestigioso científico de la NASA, asegura haber descubierto fósiles de antiguas especies alienígenas tras analizar los restos de varios meteoritos. Su trabajo, que acaba de aparecer en Journal of Cosmology, ha despertado ya todo tipo de reacciones, desde la excitación al más duro escepticismo. La noticia sería realmente espectacular si no fuera porque.... es falsa. Este mismo medio, como otros muchos en todo el mundo, incluidas las agencias de prensa, se ha hecho eco del polémico descubrimiento, que ha resultado ser una falacia.

Hoover es un investigador prestigioso y el artículo ha aparecido publicado en la citada revista, sí, pero no es actual, y la publicación, aunque se ampara en el nombre de «Journal», como muchas otras revistas especializadas en diferentes campos de la ciencia, no es precisamente de gran confianza, ya que sus responsables son partidario confesos de la teoría de la Panspermia y proclives a publicar cualquier cosa que suscriba que la vida llegó a la Tierra en un meteorito, aunque no esté confirmado. En realidad, el estudio había sido rechazado anteriormente por otras revistas de primera línea.

El artículo de Richard Hoover, investigador del Centro Espacial Marshall, de la NASA, explica que "los complejos filamentos hallados en el interior de los meteoritos son los restos de microfósiles indígenas de cianobacterias y otros procariotas (células sin un núcleo bien definido)". "Dichos filamentos -escribía Hoover- fueron encontrados en piedras recientemente fracturadas y se observa cómo están agarradas a la matriz de la roca del meteorito" de la misma forma en que comunidades de cianobacterias terrestres acuáticas crecen en los sedimentos de barro o arcilla.

Para realizar sus análisis, la revista dice que Hoover cortó en finas láminas fragmentos de varios tipos de condritas carbonáceas, una clase de meteoritos de gran antiguedad (varios miles de millones de años) que pueden mostrar contenidos relativamente altos de agua y materiales orgánicos.

Parecidas a bacterias terrestres
Según dice el mismo artículo, el científico examinó después las láminas al microscopio y encontró la impronta de "criaturas" parecidas a algunos tipos de bacterias terrestres, que él llama "fósiles indígenas" y que, en su opinión, se originaron fuera de la Tierra. Hoover descartaba la posibilidad de que esos restos sean de origen terrestre y que se mezclaran con el meteorito después de caer en nuestro planeta.

"Estas bacterias fosilizadas -dice Hoover en su artículo- no son contaminantes terrestres, sino restos fosilizados de organismos vivientes que existieron en los lugares de origen de estos meteoritos, por ejemplo cometas, lunas y otros cuerpos celestes". "Las implicaciones -añade- son que la vida se encuentra por todas partes y que la vida en la Tierra pudo llegar de otros planetas".

La existencia de estudios que sugieren la presencia de microbios alienígenas en el interior de meteoritos no es nueva, y ha suscitado ya agrias polémicas entre los investigadores, que se preguntan cómo esos organismos podrían haber sobrevivido en el espacio y cómo y dónde pudo surgir la vida en el universo. Sin embargo, este artículo no debía haber salido a la luz, aunque la capacidad profesional de Richard Hoover no se pone en duda.

El cactus que caminaba
Judith de Jorge

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Reconstrucción de la apariencia del cactus rampante. Foto: Jianni Liu

Madrid, España, 5 de marzo de 2011, ABC.- Medía unos seis centímetros de largo, tenía el cuerpo blando como un gusano, diez pares de espinas robustas y probablemente apéndices articulados. Esa extraña criatura que se parecía más a una planta que a un animal pudo ser hace 500 millones de años el antepasado de los artrópodos modernos -animales con patas articuladas, como las arañas y los crustáceos-, el grupo biológico que ha tenido más éxito en el mundo animal. Los científicos han bautizado a esta forma de vida desconocida hasta ahora como el «cactus caminante», por su apariencia vegetal y los fuertes miembros sobre los que conseguía desplazarse. Su descripción aparece detallada por primera vez en la revista «Nature».

Su origen es todavía un misterio. Un equipo internacional de investigadores, en su mayoría expertos de universidades chinas, encontraron los fósiles de tres especímenes completos y otros treinta parciales de esta criatura, de nombre científico Diania cactiformis, en el sudoeste de China. Nunca habían visto nada semejante. Los investigadores sugieren que puede ser el pariente más cercano de los artrópodos, una gran familia a la que hoy pertenecen más de un millón de especies, en su mayoría insectos.

Este «cactus rampante» compartía muchas de sus características con los lobopodios, un grupo de organismos parecidos a gusanos con patas que florecieron en el Cámbrico, la época de la Tierra en la que se produjo la gran explosión de la vida y, repentinamente, se distinguieron organismos pluricelulares complejos. Sin embargo, esta especie poseía algo distinto a sus congéneres que la convierten en algo único: sólidos apéndices con elementos articulados. Estos apéndices la hacían más parecida a los artrópodos modernos que cualquier otro ser de la época registrado hasta ahora. En su descripción, los científicos citan un cuerpo blando de seis centímetros compuesto por nueve fragmentos, ausencia de boca, diez pares de espinas robustas y lo más llamativo, unas patas rígidas que parecen articuladas.

Los investigadores creen que es probable que las extremidades de esta criatura se endurecieran antes que el cuerpo, una forma de evolución que, de momento, no se puede extrapolar a todos los artrópodos.

Ellas mandaban en el sexo
Judith de Jorge

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El hallazgo de unos ácaros atrapados en ámbar hace 40 millones de años demuestra que los roles sexuales han cambiado de forma drástica. Una pareja de la especie extinta Glaesacarus rhombeus, preservada en ámbar en un momento delicado. Foto: Ekaterina Sidorchuk

Madrid, España, 2 de marzo de 2011, ABC.- Petrificados para la eternidad en una situación bastante comprometida, una pequeña pareja de ácaros demuestra que en el juego del apareamiento no siempre han dominado los machos. Los «Romeo y Julieta» de la especie extinta Glaesacarus rhombeus, atrapados en ámbar hace 40 millones de años en el Báltico, suponen la evidencia de que, al menos en un época tan remota, los roles sexuales tradicionales estaban invertidos, y que eran las hembras las que tenían las características físicas necesarias para poder controlar todo el proceso amoroso. Ellas decidían dónde y cómo gracias a una pequeña almohadilla que les permitía aferrarse al cuerpo de sus compañeros.

Los investigadores de la Universidad de Michigan y de la Academia de Ciencias de Rusia, Pavel Klimov y Ekaterina Sidorchuk, autores de la investigación, creen que en esta especie es la hembra la que tiene el control a la hora de aparearse. Este dominio femenino «contrasta con el comportamiento reproductivo de muchas especies de ácaros actuales, en los que muchos aspectos de la cópula son controlados por los machos».

En los ácaros, como en otros animales, incluyendo los humanos, la batalla de los sexos se ha desatado a lo largo de la historia evolutiva. Cada sexo se esfuerza por conseguir el dominio para asegurarse de que sus intereses están protegidos. En el caso de los ácaros, los machos se benefician de coaccionar a las hembras para aparearse y se aseguran de que no tengan relaciones con otros. Acosar a las hembras reticentes, vigilarlas antes y después del apareamiento y luchar con otros machos contrincantes son comportamientos típicos.

Las hembras, en cambio, obtienen una ventaja evolutiva sin consiguen algún control sobre sus compañeros. Esto les permite elegir machos más fuertes y rechazar a los «perdedores» (que pueden ser, sin embargo, muy hábiles para coaccionar a las mujeres), y evitar el desgaste de ser objeto de hostigamientos, vigilancias y cópulas frecuentes.

Un pene femenino
En la especie extinta Glaesacarusr hombeus, el macho carece de los órganos especializados para aferrarse a las hembras que se ven en muchos ácaros actuales. Ella, sin embargo, tiene una proyección similar a una almohadilla en su parte trasera que le permite controlar el apego. Gracias a ello, la hembra decidía cómo iba a desarrollarse la relación y cuándo podía ser interrumpida.

No está todo perdido. Los investigadores dicen que aún queda un linaje de estas amazonas del reino de los ácaros. Ciertas estructuras que se encuentran en algunos ácaros actuales también muestran la evidencia de un control femenino sobre el apareamiento. «Algunos linajes han desarrollado en las hembras tubos copuladores que funcionan como un pene», afirma Klimov.

La investigación aparece publicada en la revista Biological Journal of the Linnean Society.

Reclamos para un sexo brutal

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La “vela” del Dimetrodon, un atractivo sexual. Foto: ABC

Madrid, España, 2 de febrero de 2011, ABC.- Una cresta bien visible sobre la cabeza. Nada hay más eficaz para impresionar al sexo opuesto... Al menos hace millones de años. Un equipo internacional de científicos sugiere que distintas criaturas prehistóricas desarrollaron características físicas muy llamativas con el fin de atraer a posibles parejas sexuales. Se trata de exageradas crestas y protuberancias que han sido descubiertas en los fósiles de algunas especies, como los pterosaurios -unos «lagartos alados» que existieron durante la Era Mesozoica (228 a 65 millones de años)- o el dimetrodon-un depredador sinápsido (reptiles similares a mamíferos) de hace unos 280 millones de años, muy popular por aparecer en algunas películas-, explican los investigadores en la BBC.

Hasta ahora, la función de estas crestas halladas en los fósiles ha sido motivo de debate. ¿Una especie de timón para dirigir el vuelo en las aves primitivas? ¿Un sistema para regular la temperatura corporal? Según los científicos, algo mucho más interesante: el primer adorno sexual, un rasgo físico marcadamente grande y destacado para conseguir llamar a la atención y aparearse. Ni siquiera los pavos reales modernos, cuyas espectaculares y exóticas plumas son consideradas el más elaborado «vestido» erótico del reino animal, llegan a ser tan presumidos. Algunos de estos arcaicos seres incluso competían con sus crestas de manera similar a como lo hacen los animales con cuernos o con astas.

El pterosaurio es uno de estos «donjuanes» prehistóricos con tupé. Los investigadores, cuyo estudio aparece publicado en la revista American Naturalist, y que pertenecen a las universidades de Portsmouth (Gran Bretaña) y Western Australia, señalan que estos reptiles voladores lucían una cresta de un tamaño considerable, demasiado destacada para hacer sencillamente de «aire acondicionado» para el organismo o como control de vuelo. Estos vertebrados, los primeros en conquistar el aire, se esforzaban por atraer a su pareja aún más que los pavos reales, ya que la cresta era permanente y tenían que soportarla todo el tiempo. Es fácil estudiar sus fósiles, ya que se han recuperado centenares de ejemplares en distintos continentes.

Otras criaturas observadas son los Dimetrodon y Edaphosaurios, que mostraban una especie de «vela» en su lomo. Según los científicos, se encuentran entre los ejemplos conocidos de rasgos sexuales secundarios exagerados en la historia de la evolución de los vertebrados.

Descubren al dinosaurio de los «muslos de trueno»
Judith de Jorge

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Un Brotomerus mcintoshi utiliza sus poderosas patas para defender a su cría de un depredador. Foto: F. Gasco

Madrid, España, 27 de febrero de 2011, ABC.- Cada cierto tiempo, los paleontólogos anuncian el descubrimiento de un nuevo tipo de dinosaurio. Algunos destacan por su tamaño, otros por su habilidad para correr o nadar e incluso se encuentran ejemplares que han dado comienzo a una larga estirpe. El último que viene a completar el generoso inventario del Cretácico tiene un físico imponente y un aspecto extremadamente llamativo. Se trata de un saurópodo de cuello largo llamado Brontomerus mcintoshi, al que los científicos han apodado «muslos de trueno» porque los músculos de sus patas eran enormemente poderosos. El animal, de unos 110 millones de años de antigüedad y descubierto en Utah (EE.UU.), utilizaba sus terribles patas como un arma para defenderse de los depredadores que querían atacarlo y para desplazarse por accidentados terrenos. La investigación aparece publicada en la revista Acta Palaeontologica Polonica.

El «muslos de trueno» pertenece al a familia de los Brachiosaurus y Diploducus. Vivió durante el Cretácico inferior y probablemente no tuvo una existencia fácil, ya que se vio obligado a lidiar con feroces depredadores como el Deinonychus y el Utahraptor. Los huesos fosilizados de dos ejemplares de Brontomerus -un adulto y una cría- fueron rescatados por investigadores del Museo de Sam Noble de una cantera del este de Utah. Los paleontólogos creen que el espécimen más grande es la madre del menor. Habría pesado alrededor de 6 toneladas y medido 14 metros de longitud, aproximadamente el tamaño de un elefante grande. El pequeño, similar a un pony en sus dimensiones, pesaba unos 200 kilos y medía 4,5 metros de largo.

Los investigadores identificaron el nuevo dinosaurio por el esqueleto incompleto, que incluía los huesos del hombro, la cadera, las costillas, las vértebras y algunos fragmentos que no fueron identificados. La característica más llamativa resultó el hueso ilíaco (de la cadera), inusualmente grande en comparación con el de dinosaurios similares. La forma de los huesos indica que el animal habría tenido los músculos de la pierna más grandes que cualquier saurópodo.

Dinosaurio «carismático»
«El Brontomerus mcintoshi es un dinosaurio carismático y un descubrimiento muy emocionante para nosotros», afirma Mike Taylor, investigador del Departamento de Ciencias de la Tierra del University College de Londres y autor principal del estudio. «Cuando nos dimos cuenta de la forma extraña de la cadera, nos preguntamos cuál era su significado, pero llegamos a la conclusión de que patear era lo más probable», explica. «La patada pudo haber sido utilizada por los machos para pelear por una hembra, pero también para defenderse de sus depredadores».

Otras marcas en los huesos dan pistas del estilo de vida del Brontomerus. Los científicos creen que este atlético dinosaurio, lejos de animales como los hipopótamos, preferían los lugares secos y las zonas montañosas a los pantanos, así que tal vez vivió en terrenos accidentados y montañosos, donde los músculos funcionaban como una especie de «tracción a las cuatro ruedas».

«Muslos de trueno» también es un hallazgo significativo por otra razón. Es uno más de una serie de hallazgos en los últimos veinte años que desafían la idea de que los saurópodos comenzaron a desaparecer en el Cretácido Inferior. «Parece que los saurópodos pueden haber sido tan diversos como fueron durante el Jurásico, pero mucho menos abundantes», apunta Matt Wedel, coautor del estudio.

Cráneos humanos usados como vajilla

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Después de devorarlas, nuestros antepasados del Paleolítico vaciaban y limpiaban de sesos las calaveras de sus víctimas para beber de ellas.  Una de las copas-calavera halladas en la cueva de Gough. Foto: Museo de Historia Natural de Londres

Madrid, España, 17 de febrero de 2011, ABC.- Puede parecer una costumbre siniestra, pero el uso de calaveras humanas como vasos y recipientes tiene una extensa documentación histórica y etnográfica. Sin embargo, los ejemplos arqueológicos son extremadamente raros. Un equipo de científicos del Museo Natural de Londres ha conseguido descifrar el método que utilizaban nuestros antepasados del Paleolítico Superior -los ejemplos con los que han trabajado tienen casi 15.000 años- para convertir los restos humanos en un tétrica vajilla, que posiblemente era utilizada en algún tipo de ritual. Para ello, según publican en la revista PLoS One, limpiaban los cráneos de todo tipo de tejidos blandos y retocaban sus bordes.

Los restos analizados por los científicos fueron descubiertos en la cueva de Gough (Somerset, Inglaterra) y parece los ejemplos más antiguos hasta la fecha hallados sobre este tipo de prácticas y el único en las Islas Británicas. Los huesos pertenecían a tres humanos, dos adultos y un niño, de la familia cromañón. Estos parientes nuestros eran cazadores y, por lo que parece, no hacían ascos a la carne humana si era preciso. Las prácticas caníbales eran comunes. Sin embargo, las tres víctimas no fueron solo devoradas. Sus huesos fueron tratados y modificados de forma meticulosa, por lo que su uso como recipiente para contener líquidos parece la única explicación razonable, según los científicos.

«Limpieza» de sesos
La distribución de las marcas de corte en los cráneos indica que estos fueron escrupulosamente sometidos a una «limpieza» de todos los tejidos blandos, y posteriormente modificados por la supresión de la región facial. Los cráneos fueron luego retocados cuidadosamente para darles forma de tazas. Esto demuestra que los primeros humanos estaban capacitados en la manipulación de los cuerpos humanos, según Silvia Bello, principal autora del estudio. «En general fue un proceso muy laborioso dadas las herramientas disponibles», ha añadido.

El pie casi humano de Lucy
Judith de Jorge

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El cuarto metatarso del Australopithecus afarensis. Carol Ward/University of Missouri

Madrid, España, 13 de febrero de 2011, ABC.- Desde que su esqueleto fue descubierto en Etiopía, Lucy, una hembra de Austrolopithecus afarensis de 3,2 millones de años de antigüedad, ha sido uno los ancestros humanos más fascinantes para los científicos, que han intentado desentrañar los detalles de su vida como si se tratara de una estrella de cine.

Sabemos de ella muchas cosas. Que medía alrededor de un metro y pesaba unos 27 kilos, que fue madre y que llegó a los 20 años de edad. También sospechaban que caminaba erguida, pero un nuevo estudio, publicado esta semana en la revista Science, viene a confirmarlo. La vieja Lucy y sus congéneres tenían unos pies muy similares a los nuestros, rígidos y arqueados. Este descubrimiento apoya la hipótesis de que el Austrolopithecus afarensis caminaba principalmente erguido, en vez de moverse a través de los árboles.

El Austrolopithecus afarensis vivió hace entre 3,7 y 2,9 millones de años y su más famoso espécimen es Lucy, cuyo esqueleto parcial reveló que caminaba erguida como lo hacemos nosotros. Los investigadores han mantenido un gran debate sobre en qué medida Lucy y sus congéneres eran bípedos, sin embargo, su conocimiento se veía frenado por los escasos registros fósiles de huesos clave del pie de estos individuos. Ahora, científicos de la Universidad de Missouri en Columbia (Estados Unidos), dirigidos por Carol Ward, describen un nuevo hueso de pie de la especie procedente de Hadar, en Etiopía, en un famoso yacimiento. El hueso, un cuarto metatarso, está casi perfectamente conservado. Aporta evidencias de los arcos y de que su propietario podía soportar un estilo de locomoción humano.

Arco bien formado
El hueso tiene varias características similares a las del pie de los humanos modernos. Los pies de los seres humanos, únicos entre los primates, tienen dos arcos, longitudinal y transversal. Durante la locomoción bípeda, estos arcos realizan dos funciones fundamentales: hacer de palanca cuando el pie se levanta del suelo y absorber el choque cuando la planta del pie se encuentra con el suelo al final de la zancada. Los pies de los monos no tienen arcos permanentes, son más flexibles que los pies humanos y tienen un dedo gordo con una gran movilidad, atributos importantes para escalar y agarrarse a los árboles. Ninguno de estos rasgos simiescos están presentes en el pie de A. afarensis.

Este pie, con su arco bien formado, debió de haber sido lo suficientemente duro para presionar contra el suelo pero también lo suficientemente flexible para absorber choques. Por ello, el fósil sugiere que los pies del A. afarensis se habían transformado por completo de estructuras de agarre a otras que facilitaban el caminar similar a los humanos y la carrera sobre dos pies. Así que, como ya se sospechaba, Lucy caminaba, más o menos, como cualquier mujer actual.

Pies como los nuestros permitían a Lucy caminar erguida

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Foto: Gerbil/Wokimedia Commons

Madrid, España, 11 de febrero de 2011, Europa Press.- Un hueso del pie del 'Australopithecus afarensis', un familiar de los primeros humanos, sugiere que estos homínidos tenían píes rígidos y arqueados, como los actuales humanos, según un estudio de la Universidad de Missouri en Columbia (Estados Unidos) que se publica en la revista 'Science'.

Estos descubrimientos apoyan la hipótesis de que el 'A. afarensis' caminó principalmente erguido, en vez de ser una criatura más versátil que también se moviera a través de los árboles. El 'A. afarensis' vivió hace entre 3,7 y 2,9 millones de años y su más famoso espécimen es 'Lucy', cuyo esqueleto parcial reveló que caminaba erguida.

Los investigadores han mantenido un gran debate sobre en qué medida el 'A. afarensis' era un bípedo, sin embargo, su conocimiento se ha visto frenado por los escasos registros fósiles de huesos clave del pie del 'A. afarensis'.

Los científicos, dirigidos por Carol Ward, describen ahora un nuevo hueso de pie de la especie procedente de Hadar, en Etiopia, que señalan está casi perfectamente conservado. El hueso tiene varias características similares a las del pie de los humanos modernos, en oposición a las de otros simios. Por ejemplo, sus dos terminaciones presentan formas circulares opuestas entre sí y el pie muestra además un ángulo relativamente brusco desde la base del pie al dedo principal.

Este pie, con su arco bien formado, debió haber sido lo suficientemente duro para presionar contra el suelo pero también lo suficientemente flexible para absorber choques. Este fósil por ello sugiere que los pies del 'A. afarensis' se habían transformado por completo de estructuras de agarre a otras que facilitaban el caminar similar a los humanos y la carrera sobre dos pies.

La serpiente que escondía una pata
Judith de Jorge

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Un extraño ejemplar analizado con una nueva técnica puede ser clave para comprender cómo estos animales dejaron de caminar para arrastrarse sobre la Tierra. La serpiente Eupodophis descouensi. Foto: ABC

Madrid, España, 9 de febrero de 2011, ABC.- Las serpientes no siempre se arrastraron sobre su abdomen como en un castigo bíblico. Hubo un tiempo en que podían separarse del suelo sobre sus patas. Cómo las perdieron para convertirse en un animal reptante, uno de los más fascinantes de la Tierra, aún no está muy claro. Sin embargo, un extraño ejemplar puede ayudar a comprenderlo. Se trata del fósil singular de una Eupodophis descouensi, una serpiente de 95 millones de años de antigüedad que conserva una pata escondida junto a su pelvis.

Los restos del animal han sido analizados por los potentes rayos X del Sincrotrón de Grenoble (Francia), una potente máquina -algo así como un microscopio gigante- que permite ver los detalles más mínimos de los fósiles, detalles que serían invisibles a cualquier otra técnica sin dañar el espécimen. Con estos resultados, los científicos podrán conocer cómo se produjo esta evolución, todavía un misterio.

Sólo existen tres ejemplares de serpientes fósiles que conserven huesos de sus patas. La Eupodophis descouensi, la que ha sido estudiada por los científicos en este experimento, fue descubierta hace diez años en unas rocas en el Líbano. El animal tiene cerca de 50 centímetros de largo y su pata, pequeña y unida a la pelvis, mide solo dos centímetros.

El fósil puede ser clave para entender qué les ocurrió a las serpientes, ya que representa una etapa intermedia en la evolución de las antiguas serpientes que todavía no habían perdido por completo las patas que heredaron de los lagartos a los que sucedieron. Además, los investigadores esperan que las imágenes ayuden a resolver un acalorado debate sobre el origen de las serpientes: si evolucionaron de un lagarto terrestre o de uno que vivió en los océanos.

Como los lagartos actuales
La estructura de la pata ha sido revelada por el sincrotrón con una técnica de imagen muy parecida a la tomografía computerizada que se utiliza en muchos hospitales, pero capaz de resolver detalles de unos pocos micrómetros de tamaño, unas mil veces más pequeño que lo que obtiene un escáner en un hospital. Las imágenes de alta resolución en 3D muestran al detalle la pequeña extremidad enterrada, y se parece mucho a las de los modernos lagartos terrestres. Según los investigadores, es posible que las patas crecieran más despacio o bien dejasen de crecer mientras el resto del reptil continuaba su desarrollo.

Los resultados también muestran que la pata escondida está doblada por la rodilla y tiene cuatro huesos en el tobillo, pero no se han encontrado en el pie. Conocer estructura interna «nos permite investigar el proceso de regresión en las extremidades en la evolución de la serpiente», explica Alexandra Houssaye, del Museo Nacional de Historia Natural en París.

Un ser humano ganaría a un neandertal en una carrera

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Reconstrucción de los esqueletos de un neandertal (izquierda) y de un humano moderno. Foto: Museo de Historia Americana

Madrid, España, 7 de febrero de 2011, ABC.- Si fuera posible celebrar un maratón entre seres humanos y neandertales -nuestros parientes desaparecidos hace unos 30.000 años-, la especie humana se llevaría todas las medallas. Investigadores de la Universidad de Arizona en Tucson han comparado los talones de los actuales corredores de fondo con los de los neandertales y antiguos Homo sapiens, y no hay duda de quién se subiría a lo más alto del podio. Según los científicos, los talones los neandertales «eran más altos que los de los humanos modernos y los primeros Homo sapiens», por lo que nuestros ancestros estaban más adaptados a dar saludables caminatas que a correr largas distancias. El estudio se publica en la revista Journal of Human Evolution.

El equipo de David Raichlen, profesor de Antropología en la Universidad de Arizona, descubrió que, a diferencia de los humanos modernos, los neandertales tenían talones más altos, lo que les podía haber provisto de un menor impulso durante la carrera. Sin embargo, es probable que esa característica diera estabilidad al tobillo y les ayudara a la hora de saltar y caminar cuesta arriba, así que es probable que fueran unos buenos «montañeros». El talón de los humanos modernos es más bajo, lo que aumenta su capacidad para correr y reducir el consumo de energía.

Para comprobar sus hipótesis, los expertos pidieron a ocho corredores de fondo que corrieran en una máquina de suelo rodante a 16 km por hora durante períodos de 10 minutos, tiempo en el que se tomaron imágenes por resonancia magnética de los talones y el tendón de Aquiles, además de realizar otros análisis, como su consumo de oxígeno. Los resultados mostraron que los huesos del talón eran más cortos y más bajos en los corredores cuyo consumo de oxígeno durante la ejecución fue más eficiente.

Necesitaban más energía
Estos resultados también se compararon con los fósiles de trece de Homo sapiens fechados hasta hace 100.000 años y con los de seis neandertales del mismo período. Los cálculos de los investigadores sugieren que durante la carrera el Homo sapiens habría gastado un 6,9% más de energía que los corredores de fondo actuales, pero los neandertales habrían necesitado aún más energía, un 11,4% más.
Aunque a los neandertales no se les hubieran dado bien los maratones de larga distancia, su estructura ósea les habría dado una ventaja para andar y para las actividades que requieren una gran fuerza. Los resultados de los hallazgos apoyan investigaciones anteriores de que el Homo sapiens comenzó a realizar carreras de larga distancia hace dos millones de años, probablemente como un método de caza. Se cree que nuestros antepasados podrían haber utilizado este método en climas calurosos para llevar a la presa hasta el agotamiento. Los neandertales vivieron en climas más fríos y probablemente utilizaran diferentes habilidades en la caza.

Descubren al «padre» de todos los Triceratops
José Manuel Nieves

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La nueva especie fue incorrectamente identificada como un Pentaceratops, muy común en la región. Imagen ABC

Madrid, España, 3 de febrero de 2011, ABC.- Eran grandes, muy grandes, y sus cráneos estaban protegidos por una dura placa ósea y unas defensas más que temibles incluso para los mayores depredadores. Los Triceratops y los Torosaurios han sido, siempre, los auténticos reyes en el mundo de los dinosaurios con cuernos. Sin embargo, un nuevo descubrimiento empuja el rastro de estos gigantes mucho más atrás en el tiempo, hasta una nueva especie desconocida hasta ahora y que reinó mucho antes de sus populares descendientes.

Su nombre es Titanoceratops y es el miembro más antiguo que se conoce de esta familia de dinosaurios. Y también el más grande de todos. Pesaba casi siete mil kg. y sólo su cráneo medía cerca de dos metros y medio. Vivió en el continente americano a finales del Cretácico, hace unos 74 millones de años y es ceratopsido más antiguo que se conoce hasta ahora, lo que sugiere que este grupo alcanzó su enorme tamaño por lo menos cinco millones de años antes de lo que se pensaba.

Esa, por lo menos, es la opinión de su descubridor, el paleontólogo Nicholas Longrich, de la Universidad de Yale, cuyo estudio aparecerá próximamente en la revista Cretaceous Research y contribuirá a esclarecer el poco conocido origen de esta familia de gigantes prehistóricos.

El investigador estaba ojeando viejas publicaciones científicas cuando se topó con la descripción del esqueleto parcial de un dinosaurio descubierto en Nuevo México en 1941. Los fósiles permanecieron sin que nadie se ocupara de ellos hasta 1995, año en que finalmente fueron preparados e identificados incorrectamente como pertenecientes a un Pentaceratops, una especie muy común y conocida en esa región (en la imagen). De hecho, cuando la parte perdida de su corona ósea fue reconstruida para exhibirlo en el Museo de Historia Natural de Oklahoma, se hizo igual a la de un Pentaceratops.

"Cuando observé el esqueleto más de cerca -explica Longrich- me di cuenta de que era demasiado diferente del de otros Pentaceratops conocidos como para ser miembro de la misma especie. Además, añade el paleontólogo, el tamaño de los fósiles parecía indicar que aquél ejemplar llegó a tener casi el doble del peso de un Pentaceratops adulto.

Cuernos más grandes
La nueva especie, muy parecida al Triceratops, tenía sin embargo la corona ósea más delgada, el hocico más largo y los cuernos bastante mayores que los de sus supuestos congéneres.

Tras estudiar más detenidamente los restos, Longrich llegó a la conclusión de que más bien se trataba de un antecesor común de los Triceratops y los Torosaurios, ya que ambos parecían tener varios millones de años más que Titanoceratops. "El esqueleto -dice Longrich- tiene exactamente el aspecto que se esperaría de un antepasado común de las dos especies".

Según Longrich, la especie tuvo seguramente una vida corta, no más de un millón de años, diez veces menos que la familia de los triceratópsidos, que existió durante cerca de diez millones de años en el suroeste del continente americano y que llegó a extenderse hacia el norte, hasta Canadá.

Para confirmar el descubrimiento más allá de toda duda, Longrich espera que pronto aparezcan otros fósiles de la misma especie, y que tengan intacta su corona ósea, lo que ayudará a confirmar las diferencias. "Tiene que haber muchos más como este ahí fuera", dice el científico.

Los primeros caníbales del mundo, pillados en el acto

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Los trilobites, hasta ahora inocentes criaturas que poblaban el registro fósil, podían llegar a devorarse los unos a los otros. Un trilobite, a punto de devorar a un congénere. Foto: Mark McMenamin

Madrid, España, 3 de febrero de 2011, ABC.- Por su aspecto, parecido a una simpática cochinilla, nadie diría que los pequeños trilobites, una clase de artrópodos que desaparecieron hace 250 millones de años y muy conocidos por los paleontólogos, podían llegar a una violencia tan inusitada.

Nuevas pruebas aportadas por investigadores norteamericanos sugieren que estos animalitos se atacaban y devoraban los unos a los otros, una depredación sin clemencia que les convierte, posiblemente, en unos de los primeros caníbales de los que se tiene constancia en la Tierra.

McMenamin, paleontólogo del Mount Holyoke College en Massachusetts (EE.UU.), descubrió estos terribles episodios de canibalismo primitivo en unas rocas repletas de fósiles de trilobites de la época del Cámbrico que llegaron a su poder por una donación. Los artrópodos más grandes parecían haber subido sobre los más pequeños. Había marcas de mordiscos e incluso uno de ellos se había zampado la mitad de un compañero. «Es una depredación», asegura McMenamin a Discovery News.

Sexo salvaje
Existe una segunda interpretación sobre la posición de los fósiles, algo menos agresiva, aunque bastante más fogosa. Es posible que los trilobites, simplemente, se estuvieran dedicando a aparearse. En el mundo animal, hay precedentes de sexo más que animado por cicatrices encontradas en cangrejos y hasta en los gatos.

Sin embargo, sí existe un acuerdo entre los científicos en que los trilobites eran depredadores y caníbales. La evolución de duros esqueletos exteriores, también en estos animales, se interpreta generalmente como una adaptación contra los depredadores.

Raros insectos y arañas que convivieron con los dinosaurios
aparecen atrapados en ámbar en Etiopía

José Manuel Nieves

Raros insectos y arañas que convivieron con los dinosaurios aparecen atrapados en ámbar en Etiopía
Avispa atrapada en ámbar. Foto: PNAS

Madrid, España, 2 de febrero de 2011, ABC.- El descubrimiento de un extraordinario depósito africano de ámbar de 95 millones de años de antigüedad ha revelado a los científicos los secretos de un ecosistema del que formaron parte los dinosaurios. Insectos, arañas, hongos e incluso nuevas bacterias que, además, ofrecen valiosas pistas sobre el nacimiento y diversificación de las plantas con flores durante el Cretácico.

Un equipo de más de veinte investigadores acaba de publicar en la revista Proceedings of the National Accademy of Sciences (PNAS) el resultado de una serie de trabajos realizados en un depósito de ámbar de Etiopía, uno de los pocos que se conocen del antiguo supercontinente Gondwana, del que formaba parte nuestra Afrecha actual.

"Hasta ahora -afirma Paul Nascimbene, del Departamento de Zoología de Invertebrados del Museo Americano de Ciencias Naturales y uno de los autores del artículo- prácticamente no se habían encontrado yacimientos de ámbar del Cretácico del supercontinente Gondwana, en el hemisferio sur. Los depósitos más importantes de esa época habían aparecido en América del Norte y Eurasia".

"Las primeras angiospermas, o plantas con flores -asegura por su parte Alexander Scmidt, de la Universidad alemana de Gottingen y autor principal de la investigación- aparecen y se diversifican en el Cretácico. Y su expansión cambió drásticamente los ecosistemas terrestres. Los depósitos de ámbar etíopes arrojan luz sobre esta época de cambios".

Otros miembros del equipo, por su parte, han descubierto en este yacimiento hasta 30 artrópodos diferentes atrapados en el ámbar, pertenecientes a trece familias de insectos y arañas. Los hallazgos representan, para muchos de ellos, las muestras fósiles más antiguas de que se dispone de una gran variedad de artrópodos, incluyendo avispas, polillas, escarabajos, arañas y toda una variedad de insectos raros y únicos.

Aunque quizá el auténtico "tesoro" lo represente una extraña y primitiva forma de hormiga sin alas que puede cambiar por completo las ideas actuales sobre los orígenes y la expansión de esta familia de insectos por todo el mundo."La mayoría de los especímenes -se lee en el artículo- representan el único registro fósil de sus respectivos grupos en Afrecha, y algunos están entre los registros más antiguos de todo el mundo".

El ámbar, que se forma al fosilizar la resina de las plantas, constituye una auténtica "trampa natural" que es capaz de capturar primero, y conservar después, una gran variedad de organismos vivientes, tanto de flora como de fauna. El yacimiento etíope estudiado ahora por los científicos está formado por ámbar de hace 95 millones de años, en plena era de los dinosaurios y la época en que comenzaron a surgir los mamíferos y las aves.
Analizar por completo los hallazgos y determinar su auténtica trascendencia es un trabajo que llevará largos años de investigación. Una tarea que ya están empezando a realizar expertos de todo el mundo.

Científicos creen que podrán «resucitar» a un mamut
dentro de cinco años

José Manuel Nieves

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Los investigadores utilizarán ADN del tejido de un ejemplar congelado en Siberia. De lograr su objetivo, sería el primero que vuelve a la vida desde que la especie desapareció de la faz de la Tierra hace cerca de 10.000 años. Imagen archivo: ABC

Madrid, España, 31 de enero de 2011, ABC.- Un equipo de investigadores japoneses asegura estar en condiciones de llevar a cabo un experimento científico sin precedentes: el nacimiento en laboratorio de un mamut lanudo, el primer ejemplar vivo de una especie que desapareció de la faz de la Tierra hace cerca de 10.000 años. Si todo marcha según lo previsto, el primer mamut de la era moderna podría ser una realidad en un plazo de cinco o seis años.

Están a punto de hacerlo. Y están convencidos de que, esta vez, tendrán éxito en su intento de "resucitar" una especie extinguida hace ya miles de años. Un paso crucial se ha dado ya: fue el pasado verano, cuando los investigadores consiguieron extraer ADN viable del tejido de un mamut congelado en los hielos perpetuos de Siberia y conservado en un laboratorio ruso especializado en los restos de este antiguo pariente de los elefantes.

"Los preparativos para llevar a cabo este objetivo ya se han realizado", afirma Akira Iritani, profesor emérito de la Universidad de Kyoto y director de las investigaciones.

Óvulos de elefante
Según los planes del científico, los núcleos de varias células obtenidas del mamut congelado se insertarán en óvulos de elefante (previa extracción de sus núcleos originales), para crear un embrión que contenga los genes del gigante desaparecido. Después, el embrión se implantará en el útero de una elefanta y, si todo marcha según lo previsto, la naturaleza hará el resto y nacerá el primer mamut que vive en la Tierra desde los lejanos tiempos de su extinción.

El camino para llegar hasta aquí ha sido largo y tortuoso, y a pesar de que la idea de la sustitución nuclear no es nueva, lo cierto es que hasta ahora no había sido posible extraer núcleos celulares de mamut viables, que resultaran adecuados para llevar a cabo el ambicioso experimento.

Desde 1997, en efecto, un equipo de la Universidad de Kinski había logrado obtener, hasta en tres ocasiones diferentes, tejido de la piel y músculos de mamuts congelados en Siberia. Sin embargo, y a pesar de la buena conservación de los tejidos, la mayor parte de los núcleos celulares resultaron estar dañados por los cristales de hielo del permafrost siberiano. Razón por la que el proyecto de clonación de un mamut fue finalmente abandonado.

Pero en 2008, un biólogo japonés, Teruhiko Wakayama, del centro Riken para la Biología del Desarrollo, en Kobe, dio un enorme paso al conseguir, por primera vez en el mundo, clonar con éxito un ratón a partir de células que habían permanecido congeladas durante dieciséis años.

Células intactas
Ahora, y basándose en las técnicas de Wakayama, el equipo de Iritani ha logrado desarrollar un método eficaz para extraer los núcleos celulares de mamut sin dañarlos. Algo extremadamente difícil, ya que apenas entre el 2 y el 3% de las células obtenidas reunían las condiciones adecuadas para intentarlo.
Otro hito importante se dio durante la primavera pasada, cuando el equipo de Iritani invitó a participar en el proyecto a Minoru Miyashita, profesor de la Universidad der Kinki, que había sido director del zoo Tennoji, en Osaka, y que solicitó a zoológicos de todo Japón que cedieran óvulos de elefantas cuando éstas fallecieran.

Por último, el equipo invitó también al director del laboratorio ruso de investigación sobre mamuts y a dos expertos norteamericanos en biología de elefantes y fertilización in vitro de animales.

Así, si Iritani consigue crear por clonación un embrión de mamut, Miyashita y los dos norteamericanos se encargarán de trasplantarlo al útero de una elefanta africana viva. Si todo marcha según lo previsto, dentro de cinco o seis años nacerá un mamut, el primero que se verá en la Tierra desde la última Edad de Hielo.

"Si logramos crear el embrión -afirma Iritani- tendremos que discutir, antes de trasplantarlo al útero de una elefanta, cómo deberemos alimentarlo y cómo lo presentaremos al público. Tras el nacimiento del mamut, estudiaremos su fisiología y sus genes para averiguar los motivos que llevaron a la extinción de su especie".

Grandes erupciones volcánicas provocaron la
mayor extinción sobre la Tierra

Judith de Jorge

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Partículas de nubes de ceniza de finales del Pérmico, en el lago Buchana. Las partículas de la derecha son de una planta de energía moderna. Hamed Sanei/NRCAN/Universidad de Calgary

Madrid, España, 31 de enero de 2011, ABC.-  Hace 250 millones de años, alrededor del 95% de la vida en el mar y el 70% de la que existía sobre la tierra fue aniquilada en una gran extinción, la mayor que se ha producido nunca sobre el planeta. Pocos fueron los seres vivientes que sobrevivieron. Primitivos antepasados de los mamíferos, primeros reptiles y otras familias de especies perecieron en el intento.

Las causas de esta hecatombe biológica mundial, conocida como la Gran Mortandad, son todavía desconocidas para los científicos, que, hasta ahora, han barajado distintas hipótesis para encontrarle una explicación. Una de ellas es la posibilidad de que una masiva erupción volcánica convirtiera nuestra bola azul en un infierno, quemando grandes volúmenes de carbón y produciendo gigantescas nubes de ceniza que cubrieron los océanos.

Un equipo del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Calgary cree haber encontrado las primeras evidencias para apoyar esta teoría. Se trata de unas capas de cenizas de carbón descubiertas en el lago Buchanan, situado en el Alto Ártico, en Canadá. La investigación aparece publicada en la revista Nature Geoscience.

«Esto puede ser, literalmente, la prueba irrefutable que explica la última extinción masiva del Pérmico», asegura Steve Grasby, responsable de la investigación. A diferencia del fin de los dinosaurios hace 65 millones de años, que es ampliamente admitido que fue provocado por el impacto de un meteorito -al menos como causa parcial-, no está claro qué provocó que la vida agonizara al final del Pérmico. ¿Otro asteroide de gran tamaño? ¿La explosión de una supernova cercana? ¿O un volcán?

Investigaciones previas han sugerido que erupciones volcánicas masivas pueden generar importantes gases de efecto invernadero provocando el calentamiento global. La investigación de Grasby puede ser la primera en demostrarlo. Cuando se produjo la extinción, la Tierra contenía una única masa de Tierra, un gran supercontinente conocido como Pangea con paisajes que variaban desde el desierto a los bosques frondosos. Los vertebrados de cuatro patas eran cada vez más diversos. Entre ellos se encontraban los anfibios primitivos, los primeros reptiles y los sinápsidos, la familia que, tiempo después, incluiría a los mamíferos.
De Rusia a Canadá
La localización de los volcanes, conocida como las escaleras siberianas, se encuentra ahora en el norte de de Rusia, en torno a la ciudad siberiana Tura, y también abarcan Yakutsk, Norilsk e Irkutsk. Cubren un área de poco menos de dos millones de kilómetros cuadrados, un tamaño mayor que el de Europa. Los penachos de ceniza de los volcanes viajaron hasta las regiones que ahora ocupa el Ártico de Canadá, donde se encuentran las capas de cenizas de carbón.

Los investigadores analizaron las capas e inmediatamente determinaron que son «exactamente iguales que las producidas por las modernas plantas energéticas que queman carbón», señala Benoit Beauchamp, investigador de la Universidad de Calgary. «Nuestro descubrimiento proporciona la primera confirmación directa» de la existencia de ceniza de carbón durante la extinción.

El enigma del sexo de la «señora T»
Judith de Jorge

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La «señora T», una hembra de Darwinopterus, fosilizada junto a su huevo. Foto: L. Junchang

Madrid, España, 27 de enero de 2011, ABC.- Si es difícil sexar un pollo, cómo no va a serlo conocer el sexo de un reptil volador del Mesozoico. Hasta ahora, los paleontólogos tenían serías dudas sobre si los restos que descubrían en yacimientos habían pertenecido a una hembra o a un macho. Había poco dónde mirar. Pero el hallazgo de un antiguo fósil, al que han bautizado como la «señora T», permitirá por primera vez a los científicos hacer distinciones entre los dos sexos en los pterodáctilos, los monstruos alados que protagonizan muchas escenas de la película de Steven Spielberg Jurassic Park III. El trabajo aparece publicado en la revista Science.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Leicester descubrió el reptil volador fosilizado junto a un huevo en unas rocas de 160 millones de años en la provincia de Lianoning, en el noreste de China. Se trata de la primera evidencia directa del sexo en estos gigantes extinguidos, ya que el ejemplar, que tenía una envergadura de casi un metro, murió cuando estaba a punto de poner sus huevos en un accidente en el que se rompió su antebrazo izquierdo. Posiblemente, la muerte se produjo durante una tormenta o una erupción volcánica, muy común en esa parte de China durante esa época. Los restos demuestran que las hembras carecían de cresta, mientras que los machos lucían una muy vistosa y espectacular.

Una señal atractiva
Los pterosaurios, también conocidos como pterodáctilos, dominaron los cielos en la era mesozoica, la de los dinosaurios, hace entre 220 y 65 millones de años. «Muchos tienen una cresta en su cabeza. En los casos más espectaculares, éstas pueden alcanzar cinco veces la altura del cráneo», explica David Unwin, paleobiólogo de la Universidad de Leicester. «Los científicos han sospechado durante mucho tiempo que estas crestas se utilizaban para algún tipo de exhibición o señalización y que solo la lucían los machos, pero, en ausencia de cualquier evidencia directa, la idea era solo una especulación y los animales con y sin cresta eran a menudo separados en dos especies completamente diferentes».

El nuevo fósil descubierto, la «señora T» (una contracción de la «señora Pterodáctilo») viene a despejar las dudas. Ella carece de cresta y tiene las caderas anchas, posiblemente para facilitar el paso de los huevos, mientras que los machos pueden distinguirse por sus caderas más estrechas y una «corona» bien desarrollada en su cabeza. Posiblemente, esa cresta servía a los machos para intimidar a sus rivales o para fardar y conquistar a las hembras, una cuestión que ha intrigado a los científicos durante más de cien años.

«El sexo es uno de los atributos biológicos más fundamentales, pero es extremadamente difícil identificarlo con certeza en el registro fósil. Ser capaz de sexar un pterosaurio es un gran paso adelante», asegura Unwin. El investigador está dispuesto a «jugar a casamentero» para unir a los machos y hembras de la misma especie que habían sido separados por los científicos en especies distintas.

Pequeño y de cáscara blanda

El hallazgo del fósil de Pterosaurio también arroja luz sobre su reproducción. El huevo de la «señora T» es relativamente pequeño y tenía una cáscara blanda. Esto es típico de los reptiles y completamente diferente de las aves, que ponen huevos más grandes y de cáscara dura. Debido a que un huevo pequeño requiere menos inversión de materiales y energía, supone una clara ventaja evolutiva para los pterosaurios y tal vez un factor importante en la evolución de las especies gigantes como el Quetzalcoatlus, de diez metros de envergadura.

Los humanos salieron de África mucho antes de lo que se creía
José Manuel Nieves

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Paleontólogos creen que ocurrió hace 125.000 años y que optaron por una ruta distinta, directa hacia oriente. Hacha de mano descubierta en Arabia Saudí. Foto: Science

Madrid, España, 27 de enero de 2011, ABC.- Una caja de herramientas de más de cien mil años de antigüedad hallada en los Emiratos Árabes Unidos demuestra que los humanos modernos salieron de África mucho antes de lo que se pensaba. Y aunque la mayor parte de los restos encontrados hasta ahora llevaba a pensar en un éxodo «costero», bordeando el Mediterráneo hace unos 60.000 años, el hallazgo de un equipo internacional de paleontólogos, liderado por el alemán Hans-Peter Uerpmann, de la Universidad Eberhard Karls en Tübingen, retrasa esa fecha en cerca de 50.000 años, hasta los 125.000. Y nos habla de otra ruta, directa desde África hacia oriente, que cruza la península Arábiga. La investigación se publica esta semana en Science.

Hasta ahora, la península Arábiga se había considerado más un obstáculo que una posible vía de migración de los primeros humanos para salir de África. Sus desiertos y áridas colinas, la escasez de lluvias y la ardiente arena constituyen una auténtica barrera natural que obligó a nuestros antepasados a buscar rutas alternativas para abandonar el continente negro. O por lo menos eso se creía hasta ahora.

Desde hace años, en efecto, diversos estudios han ido demostrando que existieron períodos en los que el desierto retrocedió, dejando paso a un ambiente de savana, mucho más húmedo y rico en vegetación. Y uno de esos periodos húmedos tuvo lugar precisamente hace unos 130.000 años. Para los investigadores, las herramientas encontradas en el campo de Jebel Faya, en Emiratos Árabes Unidos, fueron construidas por un grupo de humanos modernos que cruzaban la península y que venían directamente de África, como parte de una ola migratoria que terminaría por llegar a Europa, Asia y Australia.

Las herramientas de Jebel Faya se parecen, según los investigadores, a las que hacían los humanos primitivos en el África oriental, pero no a las encontradas en Medio Oriente, mucho más modernas. La antigua caja contiene hachas de mano y toda una variedad de raspadores y perforadores. Todo elaborado con una técnica "antigua" y diferente a la utilizada por los humanos que decenas de miles de años después abandonaron África bordeando el Mediterráneo.

A la conquista del mundo
Simon Armitage, de la Universidad de Londres y autor principal del artículo de Science, ha calculado la edad de las herramientas de piedra por medio de una técnica llamada datación por luminiscencia y ha determinado que tienen entre 100.000 y 125.000 años de antigüedad.

"Estos humanos anatómicamente modernos, es decir, como usted y yo, evolucionaron en África hace aproximadamente 200.000 años y, después, poblaron el resto del mundo", afirma Armitage. "Nuestros hallazgos deberán estimular una reevaluación de los métodos mediante los cuales nosotros, los humanos modernos, nos hemos convertido en una especie mundial".

Uerpmann y su equipo también analizaron los registros de niveles del mar y cambios climáticos de la región durante el primer período interglaciar, hace aproximadamente 130.000 años. Y determinaron que el estrecho de Bab el Mandeb, que separa a Arabia del Cuerno del África, se habría estrechado en esa época debido a que los niveles del mar eran más bajos, lo que habría permitido el paso seguro justo antes del comienzo de ese último período interglaciar.

"La arqueología sin dataciones es como un rompecabezas en el que no encajan bien las piezas; hay muchas piezas individuales con información, pero no es posible encajarlas para producir una imagen completa", dice Armitage. "En Jebel Faya, las dataciones revelan una imagen fascinante en la que los humanos modernos, con ayuda de las fluctuaciones de los niveles del mar y los cambios climáticos en la Península Arábiga, emigraron de África mucho antes de lo que se pensaba".

Hallan un dinosaurio del tamaño de un loro

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Linhenykus monodactylus, el pequeño carnívoro, descubierto en China, tenía una única garra para escarbar en los nidos de insectos. Imagen: Julius T. Csotonyi

Madrid, España, 25 de enero de 2011, ABC.- Un grupo de investigadores ha descubierto en la región de Mongolia Interior (China) una nueva especie de dinosaurio del tamaño de un loro y que se distingue por tener un único dedo. El ejemplar ha sido bautizado con el nombre de Linhenykus monodactylus, por la ciudad de Linhe, cercana a donde fue descubierto.

El extraño animal, ligero como una pluma, pertenece a la especie de Alvarezsaurios, un grupo de dinosaurios carnívoros terópodos, la familia que incluye al Velociraptor y el Tyrannosaurus y que dio origen a las aves modernas. La investigación aparece publicada Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

El equipo internacional de científicos encontró los fósiles preservados en las rocas del Cretácico Superior de Wulansuhai, que se encuentra cerca de la frontera entre Mongolia y China. La formación data de hace entre 84 y 75 millones de años y ha dado un rico tesoro de fósiles vertebrados, incluyendo el recientemente descubierto terópodo Linheraptor exquisitus. Los restos del nuevo dinosaurio están formados por un esqueleto parcial que incluye los huesos de la columna vertebral, la extremidad anterior, una pelvis parcial y extremidades posteriores casi completas.

Una extraña evolución
Lo más probable, según los autores, es que el Linhenykus apenas superara el medio metro de altura y tenía el tamaño y el peso de un loro de grandes proporciones. Inusualmente, lucía una sola pinza grande en cada una de sus manos, que seguramente utilizaba para excavar en los nidos de insectos. Es el único dinosaurio de este tipo que se conoce.

«Los terópodos comenzaron teniendo cinco dedos, pero evolucionaron para tener solo tres, como el Velociraptor. Algunos tiranosaurios tenían dos», explica Michael Pittman, del Departamento de Ciencias de la Naturaleza del University College London y coautor del estudio. El hecho de que Linhenykus sólo tenga uno es muy inusual e indica que los carnívoros evolucionaron de manera muy distinta.

El motivo por el que este pequeño animal solo tenía un dedo no está claro, aunque puede ser fruto de la evolución natural. «En biología existe un concepto llamado órgano vestigial, que se utiliza para definir las partes de un cuerpo que no son funcionales y que no sirven para un individuo. Si estudiamos una serpiente del campo vemos que no tiene piernas y su cuerpo está formado por un solo elemento. Pero cuando la analizamos más profundamente podemos ver que la estructura de las piernas y la pelvis todavía permanece en su esqueleto», explica Pittman. De la misma forma, en los alvarezsaurios se han encontrado muchos órganos vestigiales que señalan la extrema complejidad de la forma en que evolucionaron estos dedos.

Los Linhenykus vivieron junto a otros ejemplares de terópodos, pero la especialización de su esqueleto muestra que eran diferentes y se comportaban de manera distinta. También compartieron su espacio con pequeños mamíferos, lagartijas, o anquilosaúridos.

El perro también era alimento en América hace 9,400 años

Fotografía de febrero de 2010 que muestra un fragmento de hueso del cráneo de un perro descubierto en la cueva Hinds, en el suroeste de Texas. El fragmento podría ser la más antigua confirmación de un perro domesticado en el continente americano. (Foto AP/Robert F. Bukaty)Height (pixels): 342Width (pixels): 512Series ID: e21ff971-2daf-4c95-81b4-d0f528aac832Photo ID: e21ff971-2daf-4c95-81b4-d0f528aac832Asset Type: PHOTOPrevious Photo ID:
Fragmento de hueso del cráneo de un perro descubierto en la cueva Hinds, en el suroeste de Texas. El fragmento podría ser la más antigua confirmación de un perro domesticado en el continente americano. Foto: AP/Robert F. Bukaty

Portland, Maine, EUA, 20 de enero de 2011, AP.- Hace unos 10,000 años, el mejor amigo del hombre no sólo proporcionaba protección y compañía, sino una fuente ocasional de alimento.

Esa es la conclusión de los investigadores después de haber hallado un fragmento de hueso que consideran la más antigua confirmación de un perro domesticado en el continente americano.

Un estudiante avanzado de la Universidad de Maine, Samuel Belknap III, encontró el fragmento mientras analizaba una muestra seca de desechos humanos desenterrada en el sudoeste de Texas en la década de 1970.

Un examen calculó la antigüedad del hueso en 9.400 años y un análisis de ADN confirmó que provino de un perro y no de un lobo, un coyote ni un zorro, afirmó Belknap.

Como fue hallado dentro de una pila de excrementos humanos y tenía el color naranja-marrón característico de un hueso que ha pasado por el aparato digestivo, el fragmento revela la primera evidencia directa de que los perros _además de ser utilizados para compañía, seguridad y caza_ eran comidos por los seres humanos e incluso pudieron haber sido criados como una fuente alimenticia, agregó.

Belknap no estaba investigando perros cuando halló el hueso, sino que estudiaba la dieta y nutrición de los habitantes de la región de Lower Pecos en Texas de 1.000 a 10.000 años atrás.

"Ocurre que esta persona que vivió hace 9.400 años comía perro", dijo.

Belknap y otros investigadores de los laboratorios de antropología molecular de las universidades de Maine y de Oklahoma, donde se efectuó el análisis de ADN, escribieron un informe sobre sus conclusiones.

El informe ha sido sometido a revisión y ha sido aceptado, pendiente revisiones, para publicarse en la American Journal of Physical Anthropology este año, dijo el director editorial Christopher Ruff.

Los perros han desempeñado un papel importante en la cultura humana durante miles de años.

Hay registros arqueológicos de perros que datan de hace 31.000 años en Bélgica, 26.000 años en la República Checa y 15.000 años en Siberia, dijo Robert Wayne, profesor de Biología Evolutiva en la UCLA y experto en la evolución de los perros, pero los registros caninos en el Nuevo Mundo no han sido hasta ahora tan detallados ni han ido tan lejos en el tiempo.

Descubren al tatarabuelo del Tiranosaurio Rex en Argentina

Eodromaeus
Los científicos tardaron 14 años en recomponer el esqueleto del Eodromaeus. “Es un animal muy cercano al primer carnívoro, el primero en la línea de los terópodos que eventualmente evolucionaría y adquiriría tamaños tan enormes como el del Tiranosauro Rex”: Paul Sereno, investigador de la Universidad de Chicago. Foto: AFP

Londres, Reino Unido, 14 de enero de 2011, BBC.- Pequeño, de unos 5 kilos de peso y poco más de 1,2 metros de alto, rápido y carnívoro, el Eodromaeus o "corredor del alba" vivió hace 230 millones de años en Argentina. Los científicos que acaban de descubrir este dinosaurio creen que podría ser el antecesor del voraz Tiranosaurio Rex.

Un grupo de paleontólogos halló los primeros restos de esta criatura en 1996, en el Valle de la Luna, en el nororeste de Argentina, como explican en un artículo publicado en la revista Science. Por fin, 14 años después, han conseguido recomponerlos.

El animal pertenece al Triásico tardío y, según explican los investigadores, es uno de los dinosaurios más antiguos hallado hasta ahora, cuya evolución en la familia de los terópodos, es probable que culminase en temibles depredadores como el Tiranosaurio Rex y el Velocirraptor.

Su nombre: "corredor el alba", señaló el experto en Ciencia de la BBC, Neil Bowdler, hace referencia a que la aparición de este espécimen se sitúa en "el alba de la aparición de los dinosaurios".

"Muy cerca del origen"
"Está muy cerca del origen de los dinosaurios" explicó el responsable del equipo de científicos que llevó a cabo el descubrimiento, Paul Sereno, de la Universidad de Chicago.

"Era un animal de dos patas y pequeño. Era ágil, lo sabemos por el pequeño tamaño de sus extremidades, y tenía manos con capacidad de agarrar cosas con garras muy poderosas", dijo Sereno.

"Fue un depredador, lo sabemos por sus manos, pero especialmente por sus dientes curvos y largos. Era un carnívoro especializado y en muchos aspectos es un animal muy cercano al primer carnívoro, el primero en la línea de los terópodos que eventualmente evolucionaría y adquiriría tamaños tan enormes como el del Tiranosaurio Rex", indicó el experto.

Los huesos fosilizados del Eodromaeus aparecieron en unas rocas próximas a los Andes. La mayoría estaban recubiertos de incrustaciones de hierro y ha sido necesario un minucioso trabajo para recomponerlos en moldes y reconstruir el esqueleto completo.

Como explicó Bowdler, en la época en la que vivió esta criatura, los dinosaurios no eran ni por asomo los seres dominantes. "En ese entonces, criaturas que se asemejaban a cocodrilos podían tragárselos de un bocado", señaló.

Sin embargo, añadió, "una casualidad, tal vez una catástrofe ambiental, dicen los investigadores, allanó el camino para que animales como éste y sus descendientes tomaran el control".

New Species of Ancient Flying Reptile Found on BC Coast

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Victoria Arbour examines a dinosaur fossil. Photo courtesy U. Alberta

Edmonton, Alberta, Canada, 12 January 2011, ENS.- A University of Alberta paleontology researcher has identified a new species of pterosaur, a flying reptile that lived more than 70 million years ago.

The fossil is not only a newly discovered species, it's the first pterosaur of any kind to be found in British Columbia. It was found on Hornby Island, off the east coast of Vancouver Island.

Victoria Arbour says she was stumped when the small piece of jawbone was first pulled out of a fossil storage cabinet in the university's Paleontology Department last spring.

"It could have been from a dinosaur, a fish or a marine reptile," said Arbour, a PhD student in paleontology, whose discovery was published in the January issue of the "Canadian Journal of Earth Sciences."

She said her first clue to the fossil's identity came after she compared it to known species of pterosaur that roamed China more than 70 million years ago.

"I found a previously published paper describing the teeth of a previously discovered pterosaur and ours was very close," said Arbour.

"The teeth of our fossil were small and set close together," said Arbour. "They reminded me of piranha teeth, designed for pecking away at meat."

That led Arbour to believe her new species, named Gwawinapterus beardi was a scavenger of the late Cretaceous period.

Pterosaurs were flying animals with large heads, long snouts and short bodies. They had short hind legs and very small tails. Arbour said the "weird-looking animals" ... "look a little bit like a giraffe."

"It had a wing span of about three meters and patrolled the sky and set down to feed on the leftover kills made by predator dinosaurs of the time such as Albertosaurus," she explained.

The jawbone was found by a woman on Hornby Island three years ago. She gave it to Graham Beard, an amateur paleontologist who runs the Vancouver Island Paleontological Museum at Qualicum Beach.

Beard could not identify the fossil and so passed it along to the University of Alberta, where it was stored until Arbour began her investigation.

The newly named species, Gwawinapterus beardi, honors Beard. The Gwawinapterus portion of the name derives from a combination of "Gwa'wina," which means raven in the Kwak'wala language of the Kwakwaka'wakw people indigenous to Hornby Island, and the Greek word "pteron," meaning wing.

Hornby Island occupies a unique location right in the middle of the Georgia Strait, but Arbour says the place where the fossil was found has little to do with the area where the living pterosaur flew some 70 million years ago.

"In the late Cretaceous period," said Arbour, "the B.C. coastal islands were about 2,500 kilometers (1,550 miles) to the south and part of what is now mainland California."

Museo de Ohio muda fósil de mastodonte de 10,000 años

Dirigidos por el curador Bob Glotzhober, al frente y a la izquierda, un equipo retira una de las patas del Mastodonte Conway en la Sociedad Histórica de Ohio, el jueves 6 de enero de 2011, en Columbus, Ohio. (Foto AP/Mark Duncan)Height (pixels): 512Width (pixels): 331Series ID: ac142f9d-12fa-4fec-aeb3-2d2dc732b991Photo ID: ac142f9d-12fa-4fec-aeb3-2d2dc732b991Asset Type: PHOTOPrevious Photo ID:
Dirigidos por el curador Bob Glotzhober, un equipo retira una de las patas del Mastodonte Conway en la Sociedad Histórica de Ohio. Foto: AP/Mark Duncan

Columbus, Ohio, EUA, 11 de enero de 2011, AP.- Un museo de Ohio comenzó el jueves a desarmar los huesos fosilizados del esqueleto de 10 metros de altura de un mastodonte de 10.000 años de antigüedad y una tonelada de peso.

La Sociedad Histórica de Ohio, en Columbus, volverá a ensamblar los huesos en un sitio más apropiado dentro del museo.

El gigantesco esqueleto recibía hasta ahora a los visitantes a través de una puerta de entrada de primer nivel que se convirtió en la entrada principal del edificio, remodelado para mejorar el acceso a los minusválidos.

El encargado principal del Museo de Historia Natural Bob Glotzhober dijo que un equipo de ocho personas comenzó el trabajo retirando los dos conjuntos de patas. Dijo que el resto del esqueleto se apoya sobre un soporte de acero.

Glotzhober dijo que el desplazamiento del mastodonte, llamado Conway por el hombre que lo descubrió en 1887, deberá completarse el sábado.

Arqueólogos dicen haber encontrado los restos humanos
más antiguos del mundo

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De confirmarse, el hallazgo podría cambiar la actual teoría evolutiva y situar la cuna del homo sapiens en Israel. El diente puede pertenecer a un homo sapiens de 400.000 años. Foto: Reuters

Jerusalén, Israel, 9 de enero de 2011, ABC.- Un grupo de arqueólogos ha descubierto en el yacimiento de la cueva de Qesem, cerca de Rosh Ha'ayin, a las afueras de Tel Aviv (Israel) una pequeña pieza dental que puede cambiar lo que hasta ahora sabíamos de la evolución humana. Los restos, entre los que se encuentra este diente molar, tienen 400.000 años y podrían pertenecer al primer homo sapiens, el primer hombre moderno del que se tiene conocimiento, ya que los restos humanos más antiguos encontrados hasta la fecha suman apenas la mitad de años.

De confirmarse, el hallazgo alteraría por completo las teorías tradicionales sobre el origen de los seres humanos, que sitúan nuestra cuna común en África. Ahora, los científicos tienen un largo trabajo por delante para demostrar la importancia del descubrimiento.

«Es muy emocionante llegar a esta conclusión», reconoce el arqueólogo Avi Gopher, cuyo equipo examinó los dientes encontrados en la cueva de Qesem con rayos X y tomografías computerizadas. El científico ha hecho hincapié en la necesidad de seguir investigando para consolidar su teoría. Si lo consigue, «esto cambia todo el panorama de la evolución», subraya.

Originarios de Asia
La teoría científica aceptada hasta la fecha es que el Homo Sapiens es originario de África, de donde emigró. Sin embargo, si los restos ahora encontrados en Israel se vinculan definitivamente al hombre moderno, podría significar que la tierra original del ser humano actual se encuentra en Asia.

Para Paul Mellars, experto en prehistoria de la Universidad de Cambridge, el estudio es de confianza y el hallazgo, «importante», ya que los restos de ese período de tiempo son escasos, pero aún es prematuro decir que los restos pertenecen a un humano, a una persona igual que nosotros. «Es una posibilidad muy tenue y, francamente, más bien remota», apunta.

A su juicio, los restos pueden estar relacionados con otros parientes del hombre moderno, como los neandertales. Los dientes son a menudo indicadores poco fiables de origen, así que el hallazgo de restos de algún cráneo facilitaría la identificación de la especie. Los arqueólogos israelíes esperan dar con ellos a medida que continúen las excavaciones.

La investigación aparece publicada en la revista American Journal of Physical Anthropology.

Los primos británicos del hombre de Atapuerca

mexico ambiental
Los primeros humanos llegaron al norte de Europa hace más de 800.000 años, mucho antes de lo que se creía hasta ahora. Happisburgh, hace 900,000 años. Imagen: John Sibbik/AHOB

Madrid, España, 9 de enero de 2011, ABC.- El anuncio del descubrimiento en 1994 de los restos del Homo antecessor, de 800.000 años de antigüedad, en la sierra de Atapuerca, supuso una revolución en lo que sabíamos hasta entonces de la evolución humana. Ahora, científicos británicos creen que humanos tan antiguos como nuestro hombre burgalés se establecieron en la costa de Happisburgh, Norfolk (Gran Bretaña) y que muy bien pudieron estar relacionados.

No existen, de momento, restos fósiles que puedan confirmar ese impresionante parentesco, pero los investigadores sí se creen en disposición de afirmar una cosa: los seres humanos llegaron a tierras británicas, el primer asentamiento del norte de Europa después de que salieran de África, al menos 100.000 años antes de lo que se creía. Hasta ahora, se pensaba que, en esa época, nuestros antepasados no habían cruzado los Pirineos y los Alpes.

 

La investigación, publicada por la revista Nature, ha sido llevada a cabo por científicos del Museo de Historia Natural de Londres, el Museo Británico y la Universidad de Londres, entre otras entidades. Los científicos descubrieron 70 herramientas de sílex en las excavaciones de la costa de Happisburgh.

«Estos hallazgos son de lejos la evidencia más antigua conocida de seres humanos en Gran Bretaña, que data de al menos 100.000 años antes que los descubrimientos anteriores», explica Chris Stringer, jefe de investigación de los Orígenes Humanos en el Museo de Historia Natural. El hallazgo «tiene implicaciones significativas para nuestra comprensión del comportamiento humano, de su adaptación y supervivencia». Hasta ahora, las primeras evidencias de nuestra huella en Gran Bretaña se situaban en Pakefield (Suffolk) hace unos 700.000 años, cuando, por un breve período, el clima era comparable con el Mediterráneo actual. Los resultados de Happisburgh amplían esa presencia aún más allá en el tiempo.

Mamuts y tigres dientes de sable
Los artefactos encontrados también indican cómo era la zona en esa época. El sitio se encontraba en un antiguo cauce del río Támesis, con piscinas de agua dulce, marismas y un bosque de coníferas. Allí se reproducían una gama diversa de herbívoros, como el mamut, el rinoceronte y el caballo. Entre los depredadores había hienas, tigres dientes de sable y, por supuesto, el ser humano.

Los investigadores creen que los humanos que hicieron estas herramientas podrían estar relacionados con el Homo antecessor de Atapuerca. «La cuestión de la ocupación más temprana de Europa ha sido el centro de acalorados debates en los círculos arqueológicos del siglo pasado», comenta Stringer. «Por eso tratamos de construir un calendario detallado de la presencia humana en Gran Bretaña y la Europa continental durante el Pleistoceno, pero esa ocupación fue muy episódica y, en muchas regiones, la ausencia parece haber sido la regla».

El escorpión gigante esconde sus uñas

Description: http://www.abc.es/Media/201012/30/ancient-sea-scorpion--644x362.jpgEste horrible monstruo de dos metros y medio era considerado el terror de los antiguos mares, hasta que una nueva investigación ha acabado con el mito. Ilustración: William L. Parsons
Madrid, España, 30 de diciembre de 2010, ABC.- Como sacados de una película de ciencia ficción, los escorpiones marinos gigantes, de dos metros y medio de largo, eran una de las criaturas más aterradoras de la antigüedad. Con el aspecto de un monstruo fantástico y unas afiladas pinzas, estos animales habrían causado el terror hace 400 millones de años.
Para los científicos, los Pterygotid eurypterids, que pertenecen a la familia de los artrópodos, representaban algo así como «los tiranosaurios rex de los mares de su tiempo». Sin embargo, una nueva investigación viene a desbaratar el mito. Tenían un aspecto imponente, sí; eran enormes y poseían pinzas amenazadoras, pero no eran tan terribles como parecían. En realidad, según paleontólogos del Museo de Ciencias de Búfalo en Nueva York, estos escorpiones gigantes eran bastante inofensivos. Sus pinzas eran tan débiles que no hubieran sido capaces de «pinchar» a un cangrejo de tamaño mediano. Posiblemente, estos animales eran carroñeros o incluso vegetarianos.
Richard Laub, paleontólogo del Museo de Ciencias de Búfalo, confiesa a la web LiveScience que cuando comenzó su investigación sobre los escorpiones gigantes creía, como el resto de los científicos, que iba a estudiar a un monstruo agresivo que desgarraba a sus víctimas. Sin embargo, pronto descubrió que jamás hubiera podido hacer algo semejante. Laub examinó las pinzas de un grupo de escorpiones marinos excepcionalmente grande, los Acuritamus, que vivieron hace más de 400 millones de años en lo que hoy es Nueva York y Ontario (Canadá).
Sin fuerza
Las pinzas no podían hacer más de 5 newtons de fuerza sin que sus dueños se dañaran a ellos mismos. Esto significa que eran incapaces de penetrar el caparazón, ni siquiera el de un cangrejo de herradura de tamaño medio. En comparación, la mandíbula de un tiranosaurio rex podía aplicar 200.000 newtons de fuerza, lo suficiente para levantar un tractor.
Los científicos también creen que estos escorpiones estaban poco dotados para la caza de otras criaturas, y posiblemente se les daba mejor rebuscar en el fondo marino en busca de comida. En definitiva, poca violencia. Los investigadores creen que deben realizarse nuevos estudios que confirmen que el feroz depredador era en realidad un gigante bueno.

Los dinosaurios que surgían de la tierra
Judith de Jorge

Description: http://www.abc.es/Media/201009/30/imatge2--478x270.jpg
Bernat Vila, uno de los investigadores, durante el trabajo de excavación. Foto: ICP
Madrid, España, 30 de diciembre de 2010, ABC.- Cuando la criatura ya estaba a punto, rompía el huevo y, a ciegas, se abría paso bajo la tierra, con sus patas recién formadas, hasta salir a la superficie. Junto a ella, si había suerte, se empeñaban por llegar a la luz una veintena de hermanos y, posiblemente muy cerca, otras camadas hacían lo mismo. Escenas como ésta se repetían con asiduidad hace 70 millones de años en Coll de Nargó, en pleno corazón del Pirineo leridano, donde se encuentra el mayor nido con huevos de dinosaurio de toda Europa.
Científicos del Instituto Catalán de Paleontología (ICP) han descubierto datos inéditos del comportamiento reproductivo de estos animales saurópados, sorprendentemente similar al de las tortugas actuales. Los «pollitos» de dinosauro, ya de unos veinte centímetros, rompían sus huevos y excavaban con toda la fuerza y el empuje de la vida, igual que lo hacen ahora las fragilísimas crías de tortuga. Rápidamente, se convertían en jóvenes adultos que podían llegar a alcanzar los quince metros de cabeza a cola y seis desde los pies hasta la cadera. La investigación aparece publicada en la revista científica PLOs ONE.
Hasta ahora, se creía que las hembras de dinosaurio saurópodo, un gigantesco animal herbívoro del Cretácico, ocultaban sus huevos entre la hierba de la marisma, pero no era así como sucedía. En realidad, los enterraban en una zona cercana a los ríos para que se incubaran con el calor, y la eclosión se producía dentro del sustrato. Por los huevos encontrados, esta práctica era muy común y se repetía en el tiempo, incluso se han encontrado restos de un comportamiento similar en lugares remotos del mundo, como Argentina. La zona catalana estaba entones cerca de la costa, y «el clima húmedo y cálido y la abundante vegetación la convertían en un lugar idóneo para anidar», explica a ABC Ángel Galobart, jefe del grupo de investigación del Mesozoico del ICP.
En el yacimiento de Coll de Nargó se han encontrado nueve puntos de anidación, con una media de entre diez y quince huevos cada uno, aunque uno de los nidos tiene 20 huevos y otro, el más grande, nada menos que 28. En total, 140 huevos de saurópodo de hasta 20 centímetros de diámetro que han sido analizados con sumo cuidado por los investigadores durante cinco años.
En busca de embriones
Extraer los huevos para su análisis no fue fácil y los científicos tuvieron que utilizar un cemento expansivo. Después, una tomografía computerizada (TAC) permitió ver su interior. «Es muy difícil saber cuánto tiempo pasaba el dinosaurio dentro del huevo, pero sí sabemos que cuando nacían se desarrollaban muy rápido», apunta Galobart. También es un misterio cuál era el éxito de los nacimientos, aunque sí se sabe por algunos huevos hallados intactos que no todos eran fértiles.
Hasta ahora, todos los huevos se han encontrado vacíos, pero los investigadores tienen la esperanza de descubrir algún día un embrión en los que aún no han sido analizados. «Sería algo extraordinario, porque hay muy pocos en el mundo», explica Galobart. Como no existe un escáner en el mundo en el que se pueda analizar un nido de 28 huevos en una sola pieza -mide dos metros por uno-, los científicos trabajan en el desarrollo de un macro escáner de estas medidas para analizar los fósiles

Descubren insectos de hace 50 millones de años conservados en ámbar
José Manuel Nieves

mexico ambiental
Un insecto de hace 50 millones de años. Foto: WWW3.UNI-BONN.DE

Madrid, España, 8 de diciembre de 2010, ABC.- Un espectacular depósito de ámbar de hace 50 millones de años acaba de echar por tierra la creencia de los científicos de que, en ese tiempo, la India fuera una isla a la deriva, sin conexión alguna con el continente asiático. La presencia de más de cien especies de insectos atrapados en el ámbar, muy similares a los que vivían en Asia, es la prueba fosilizada de que debió de existir una conexión física entre ambas masas de tierra. El depósito constituye, además, la evidencia fósil más antigua de selvas tropicales en Asia.

Abejas, termitas, arañas, moscas... cincuenta familias y más de cien especies diferentes de insectos del Eoceno (hace 50 millones de años) acaban de ser descubiertas, en perfecto estado de conservación, en el interior de un depósito de ámbar en Cambay, en la India occidental. El hecho de que todas estas especies no sean únicas, sino que estén evolutivamente muy cerca de las halladas en otros continentes, demuestra que, al contrario de lo que se pensaba, en ese periodo la India no estaba completamente separada de Asia. El estudio acaba de publicarse en la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias Norteamericana.

"Sabemos que la India estuvo aislada -asegura David Grimaldi, de la división de Zoología de Invertebrados del Museo Americano de Historia Natural- pero no está claro cuándo ni por cuanto tiempo. La evidencia biológica de los depósitos de ámbar demuestra que hubo alguna clase de conexión biótica".

Como una vieja foto
Según la teoría establecida, la India se separó del continente africano hace cerca de 160 millones de años, después de lo cual derivó en solitario hasta chocar con Asia, decenas de millones de años más tarde. Colisión que, entre otros efectos, tuvo también el de crear la cordillera del Himalaya. El depósito de Cambay, sin embargo, sugiere que debió de existir alguna clase de conexión terrestre con otros continentes. Puede que un puente de tierra o, lo más probable, una cadena de islas.

"El ámbar -asegura Jes Rust, profesor de Paleontología de Invertebrados en la Universidad de Bonn y otro de los autores del estudio- nos muestra, igual que en una vieja foto, cómo era la vida en la India justo antes de su colisión con el continente asiático. Los insectos atrapados en la resina fosilizada arrojan una nueva luz sobre la historia del subcontinente".

El ámbar de plantas angiospermas es muy raro en el registro fósil hasta el Terciario, después de la extinción de los dinosaurios La razón es que fue precisamente durante este periodo cuando las plantas con flores empezaron a dominar sobre las coníferas y a desarrollar la clase de ecosistemas que aún hoy podemos apreciar en las zonas ecuatoriales.

En su estudio, Grimaldi, Rust y sus colegas describen el depósito de Cambay como la prueba más antigua de selva tropical en Asia. De hecho, el ámbar del depósito puede relacionarse químicamente con las Dipterocarpaceae, una familia de árboles muy abundante hoy en día en el sudeste asiático.

«Parientes» en otros continentes
También se ha encontrado en India madera fosilizada de esa misma clase de árboles, y con una antigüedad casi del doble de lo que se esperaba, lo que indica que su origen común debe de ser mucho más antiguo y que procede de los tiempos en que las distintas partes del supercontinente Gondwana estaban aún conectadas.

El estudio informa del hallazgo de cien especies de artrópodos diferentes, que representan 55 familias y 14 órdenes distintos. Algunas de esas especies son parientes primitivos de insectos sociales como abejas, termitas y hormigas, lo que sugiere que dichos grupos se extendieron durante o justo antes del Eoceno. Y, lo que es más significativo, muchos de los fósiles de Cambay tienen "parientes" en otros continentes, algo que ha pillado por sorpresa a los investigadores.

Lo que los científicos han encontrado indica que India no estuvo aislada por completo, incluso pensando que el depósito de Cambay data de un tiempo anterior a la colisión entre India y Asia. El subcontinente debió de tener conexiones terrestres con otras masas continentales. Conexiones de las que aún no teníamos noticia.

Descubren especie de cocodrilo de hace 100 millones de años

En esta foto sin fecha distribuida durante una conferencia de prensa en Bangkok, Tailandia, el jueves 25 de noviembre del 2010 por el Instituto del Noroeste de Investigación de Madera Petrificada y Recursos Minerales, se ve el cráneo de un antiguo cocodrilo hallado en Nakhon Ratchasima, el noroeste de Tailandia, en el 2006. Los científicos dijeron el jueves que se trata de una nueva especie de cocodrilo (AP Foto/Northeastern Research Institute of Petrified Wood and Mineral Resources) NO SALESHeight (pixels): 186Width (pixels): 512Series ID: 274c56be-251b-42cc-b6f0-12b66dc08523Photo ID: 274c56be-251b-42cc-b6f0-12b66dc08523Asset Type: PHOTOPrevious Photo ID:
Cráneo de un antiguo cocodrilo hallado en Nakhon Ratchasima, el noroeste de Tailandia, en el 2006. Los científicos dijeron el jueves que se trata de una nueva especie de cocodrilo. Foto: AP/Northeastern Research Institute of Petrified Wood and Mineral Resources

Bangkok, Tailandia, 25 de noviembre de 2010, AP.- Una nueva especie de cocodrilo que vivió hace cien millones de años ha sido identificada a partir de un fósil hallado en Tailandia, dijeron los investigadores el jueves.

Komsorn Lauprasert, científico de la Universidad Mahasarakham, dijo que la especie tenía patas más largas que los cocodrilos actuales y posiblemente se alimentaba de peces, según las características de sus dientes.

"Vivía en tierra y podía correr muy rápido", dijo Komsorn, que advirtió el fósil en un museo en el verano de 2006. El fósil de 15 centímetros (6 pulgadas) fue extraído de una excavación en la provincia de Nakhon Rathchasima, también conocida como Korat, pero no había sido identificada como de otra especie.

La especie ha sido nombrada "Khoratosuchus jintasakuli" por la provincia de Korat, donde se halló el fósil y por el apellido del director del Instituto Nordoriental de Investigación de Madera Petrificada y Recursos Minerales, Pratueng Jintasakul.

El hallazgo fue reportado en la publicación de la Sociedad Geológica de Londres.

El nordeste de Tailandia se ha convertido en un lugar importante para los paleontólogos en las últimas décadas. Se han hallado numerosos fósiles prehistóricos en la llamada Franja de los Dinosaurios, donde ha aflorado en la superficie una cantidad de sedimentos rocosos de la era mesozoica, rica en fósiles.

Científicos tailandeses y franceses iniciaron una investigación conjunta en el área en 1980 después que un geólogo que buscaba uranio halló un hueso de dinosaurio a fines de la década de 1970.

El depredador jorobado de Cuenca
José Manuel Nieves

mexico ambiental
De izquierda a derecha, los investigadores Fernando Escaso, Francisco Ortega y José Luis Sanz analizan los restos del dinosaurio. Foto: Francisco Ortega

Madrid, España, 16 de noviembre de 2010, ABC.es.- Investigadores españoles descubren una nueva especie de dinosaurio carnívoro de más de seis metros de longitud. Se trata del dinosaurio más completo jamás hallado en la península ibérica. Su nombre es Concavenator corcovatus ("El cazador jorobado de Cuenca"), vivió hace 125 millones de años, en el Cretácico Inferior, y fue un temible depredador de más de seis metros de longitud.

Sus restos aparecieron hace varios años en el yacimiento paleontológico de Las Hoyas, en Cuenca, y tras una minuciosa descripción, la nueva especie se publica esta semana en Nature. José Luis Sanz, Catedrático de Paleontología de la Universidad Autónoma y uno de los firmantes del artículo, explica para ABC la importancia del hallazgo.

"Hay muchas cosas llamativas en este dinosaurio -afirma Sanz a ABC- pero quizá la más sorprendente de todas sea esa especie de joroba puntiaguda que tiene al final de la espalda. Es un rasgo único que no comparte con ningún otro dinosaurio conocido". Las dos últimas vértebras por delante de la pelvis, en efecto, proyectan sus espinas neurales sobre el dorso del animal, confiriéndole el aspecto de una extraña joroba.

Los científicos, por el momento, ignoran la función que debió tener este peculiar órgano, que no tiene nada que ver con las "velas" espinosas que lucieron otros dinosaurios de finales del Cretácico. "No sabemos para qué le servía -admite Sanz- aunque es probable que tuviera que ver con el control de la temperatura corporal; o quizá fuera una señal, una especie de bandera que utilizaba para comunicarse en determinadas circunstancias".

En el fondo de un lago
El fósil, extraordinariamente bien conservado, apareció en el lecho (hoy seco) de lo que en el Cretácico inferior debió ser un gran lago. El animal, tras su muerte, debió precipitarse al fondo, donde quedó envuelto en el lodo que permitió a sus restos conservarse unidos durante más de cien millones de años.

Es precisamente allí, en el fondo de ese lago, donde el equipo de paleontólogos que dirige José Luis Sanz ha encontrado ya más de 125 especies vivas diferentes, entre animales y plantas. El yacimiento de Las Hoyas es famoso porque en él se describieron aves primitivas, como Iberomesornis, o dinosaurios como Pelecanimimus, el único ornitomimosaurio hallado en Europa.

"Extrajimos el dinosaurio en un gran bloque de caliza de unos tres metros cuadrados -explica Sanz-. Las labores de limpieza, que en su mayor parte se realizan con un pequeño torno, parecido al de un dentista, fueron agotadoras". Así, poco a poco, hueso a hueso y durante años, los restos del dinosaurio fueron minuciosamente separados de su mortaja de piedra. "Fue una tarea de chinos", bromea el paleontólogo.

Bultos de plumas
Sanz y los otros dos autores del artículo, Francisco Ortega y Fernando Escaso, creen que el nuevo dinosaurio forma parte del grupo de los carcarodontosáuridos, al que pertenecen los mayores dinosaurios carnívoros (terópodos) que se conocen. La mera presencia de Concavenator en la Península ibérica indica que la historia evolutiva de este gran grupo de grandes depredadores fue más compleja e intrincada de lo que se creía hasta ahora. "De hecho -asegura Sanz- los carcarodontosáuridos estaban restringidos a un grupo de grandes terópodos que vivían en el supercontinente Gondwana (que incluía las actuales Australia, África, Suramérica y Antártida). Su presencia en Laurasia (actuales Europa y América del Norte), obligan a replantearse su distribución y diversifícación".

Además de su extraordinaria joroba, Concavenator corcovatus posee otro rasgo único: En muchas aves actuales, el borde posterior de uno de los huesos del antebrazo, la ulna, tiene una serie de pequeños bultos que sirve para la inserción de las plumas de mayor tamaño en las alas. Esta característica se había reconocido también en algunos dinosaurios de pequeño tamaño y muy cercanamente emparentados con las aves, como Velociraptor. Lo sorprendente es que Concavenator, cuatro veces más grande que Velociraptor, y supuestamente demasiado primitivo para tener plumas, presenta también estos pequeños bultos.

"Eso indica que este dinosaurio -explica José Luis Sanz- ya tenía estructuras en su piel que constituyen un estadio primitivo de las plumas de las aves. Lo que nos lleva a pensar que los rasgos avianos de los dinosaurios terópodos (de los que descienden todas las aves actuales) no evolucionaron en ellos con el tiempo, sino que ya formaban parte de las especies más primitivas".

Por último, el excelente estado de conservación del animal ha permitido identificar algunas impresiones de su piel, entre ellas las escamas de las patas y de la cola. "Y resulta -añade Sanz- que esas escamas son prácticamente idénticas a las que hoy tienen en sus patas muchas aves, como por ejemplo las gallinas. Resulta impactante pensar que en cualquier corral hay animales que comparten rasgos con dinosaurios que vivieron hace más de cien millones de años".

Los embriones de dinosaurio más antiguos jamás descubiertos

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Los frágiles ejemplares, de 190 millones de años, aparecieron en el interior de huevos fosilizados a punto de eclosionar. Foto: D. Scott.

Madrid, España, 14 de noviembre de 2010, ABC.es.- Nunca llegaron a nacer, les faltó poco, pero han llegado hasta nuestros días como algo extraordinario. Paleontólogos han descubierto los embriones de dinosaurio más antiguos conocidos, unos pequeños nonatos de la familia de los Massospondylus, una especie de prosaurópodo antepasado de los herbívoros gigantes, que estuvieron a punto de ver la luz en el Jurásico, hace 190 millones de años.

Los frágiles embriones fueron descubiertos dentro de su huevo, muy bien conservado, por investigadores que clasificaban fósiles africanos en la Universidad de Toronto Mississauga en Canadá. La investigación aparece publicada en la revista Journal of Vertebrate Paleontology.

El profesor Robert Reisz y sus colegas analizaban huevos fosilizados de dinosaurio provenientes del sur de África cuando se llevaron una gran sorpresa. Dentro de varios de ellos, se encontraban los embriones de Massospondylus. Los científicos creen que estos embriones estaban a punto de eclosionar, por el estado de osificación de sus esqueletos. El aspecto de estos embriones es muy diferente del de los adultos de la misma especie.

Tienen grandes cabezas desproporcionadas, cuatro patas y largas extremidades anteriores, y miden unos 20 centímetros de longitud. Los adultos, por el contrario, tienen cabezas relativamente pequeñas y cuellos largos, y es más probable que caminaran solo sobre dos patas.

Este extraño aspecto sugiere que cuando los dinosaurios maduraban, su cuello y sus extremidades traseras crecían mucho más rápido que su cabeza y sus patas delanteras. Debido a su fragilidad y a que aún no les han salido los dientes, los investigadores creen que las crías de dinosaurio necesitaban cuidados maternos durante algún tiempo. Si esto es así, los fósiles también suponen el registro más antiguo de cuidados parentales.

Así eran las avispas hace 34 millones de años

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Fósil de la avispa de 34 millones de años. Foto: Natural History Museum

Madrid, España, 8 de noviembre de 2010, ABC.es.- Científicos han descubierto en la isla de Wight (Gran Bretaña) el fósil de una avispa de 34 millones de años, el más antiguo jamás encontrado. Sorprendentemente, los restos descubren a un animal muy parecido a sus congéneres modernos, lo que parece probar que no ha necesitado evolucionar desde entonces, simplemente porque... funciona.

El fósil fue identificado erróneamente como una hormiga cuando fue descubierto por primera vez en la década de 1920. «Lo que resulta fascinante de este fósil no es sólo su antigüedad, sino que se sea tan similar a las especies modernas. Esto significa que la compleja relación que existe actualmente entre las avispas de la higuera y los árboles de acogida se desarrolló hace más de 34 millones de años y ha permanecido sin cambios desde entonces», explica el doctor Steve Compton, experto en avispas de la Universidad de Leeds.

Estas avispas y las higueras son mutuamente dependientes. Las avispas, que miden sólo 1,5 mm de longitud, han desarrollado un cuerpo con una particular forma que les permite introducirse en los higos y llegar hasta las flores.

El estudio de Compton, realizado con modernas instalaciones de microscopía en el Museo de Historia Natural de Londres, demuestra que esta fisiología, que resulta muy eficaz, no ha variado en las especies modernas. Las avispas recogen el polen en los «bolsillos» de la parte inferior de sus cuerpos y luego lo llevan a otro árbol, donde lo sacan y lo dispersan antes de poner sus huevos. El sistema ha permanecido inalterado durante decenas de millones de años a pesar de los cambios climáticos.

El estudio ha sido publicado en la revista Royal Society Biology Letters.

Lluvias borran huellas de dinosaurios en Bolivia

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Huellas de dinosaurios en Icla, población del municipio de Zudáñez, ubicado a 137 kilómetros de Sucre en Bolivia. Foto: sine-die.blogspot.com

La Paz, Bolivia, 4 de febrero de 2010, AP.- Poco más de 200 huellas de dinosaurios de 64 millones de antigüedad desaparecieron al desplomarse una parte del farallón donde estaban emplazadas por causa de recientes lluvias en una región del sur de Bolivia, informó una autoridad.

El desplome de unos 4.000 metros de entre 15 a 20 centímetros de espesor se produjo el martes debido a que las lluvias aceleraron el proceso de deterioro, dijo a la AP José Luis Jiménez, de la alcaldía de Sucre, 410 kilómetros al sureste de La Paz.

Jiménez explicó que la pérdida de la capa puso al descubierto otras que también muestran huellas de dinosaurios. El municipio convocó a expertos para evaluar los daños y valorar los nuevos vestigios.

De un total de 6,000 huellas que hay en el farallón de 150,000 metros cuadrados de superficie se perdieron como 200 huellas, explicó.

El Parque Cretácico en las afueras de Sucre es el principal atractivo turístico de esa ciudad y uno de los mayores yacimientos de huellas de dinosaurios. Por el momento fue cerrado al público.

Expertos suizos que visitaron el lugar el año pasado anticiparon el desplome de la capa debido a una falla geológica que cruza como un tajo la piedra caliza donde están impresas las pisadas de dinosaurios.

El yacimiento fue descubierto casualmente hace más de una década por una empresa que explota caliza para fabricar cemento.

Expertos que estudiaron entonces advirtieron que las huellas sufrirán un irreversible deterioro al estar expuestas al sol y la lluvia. En el cretácico el sitio era un abrevadero.

Las lluvias sobrepasaron los promedios para la época en varias regiones de Bolivia y continuarán las próximas semanas, informó el Servicio de Meteorología.

Hasta ahora 11 personas perdieron la vida y más de 26.000 resultaron damnificadas por riadas e inundaciones, cientos de ellos viven actualmente en campamentos.

Cenieh y el Instituto de Paleontología Humana de Paris
colaboran en el estudio de fósiles en Atapuerca (Burgos)

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Excavaciones en Atapuerca, España. Foto: www.ibermatica.com

Burgos, España, 1 de enero de 2010, Europa Press.- El Grupo de Antropología Dental del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (Cenieh) y el Instituto de Paleontología Humana de París (IPHP) colaboran en la elaboración de estudios comparativos de fósiles de los yacimientos de Atapuerca (Burgos) en España, y de Arago y Hortus en Francia.

La iniciativa, que se realiza desde 2007 a través del Programa de Acción Integrado Hispano-Francés del Ministerio de Ciencia e Innovación, utiliza morfometría geométrica en dos y tres dimensiones, según un comunicado de Cenieh recogido por Europa Press.

Para Cenieh la colaboración hispano-francesa resulta "trascendental" porque en ambos países se encuentran las poblaciones del Pleistoceno Inferior y Medio "más importantes" de Europa.

Esta semana el Cenieh recibió la vista de la profesora Marie-Antoinette de Lumley quien, junto con su marido Henry de Lumley, director del IPHP, son los "popes" de la Paleontología en Europa, tal y como indicaron las mismas fuentes.