La crisis de los rarámuri en Chihuahua se debe a la destrucción del
territorio tarahumara original asegura experto de la UNAM
El Dr. José del Val, aseguró que se ha devastado su estructura boscosa con saqueos de madera, conversiones de tierras, así como actividad de mineras y papeleras; busca imponérseles un modelo de desarrollo y desconocer su lógica cultural y cosmovisión. Foto: UNAM
Ciudad de México, DF, México, 2 de febrero de 2012, México Ambiental.- Los rarámuri son un pueblo de enorme complejidad cultural, que no construyen pirámides, ni implementan métodos de dominación, y tampoco son muy dados a hablar porque la lógica de su cultura no está en el valor de la palabra, sino en su caminar, explicó José del Val Blanco, director del Programa Universitario México Nación Multicultural de la UNAM, quien dijo: Kuira bá rarámuri (hola, qué tal, gente), es el saludo convencional que hace eco en aquellas profundas barrancas y elevadas cumbres al norte del país.
En el contexto de la información alarmante sobre suicidios de rarámuri debido a condiciones de hambruna, el etnólogo universitario, con una amplia experiencia de trabajo de campo en la región, consideró que cada año las condiciones de vida aquí se complican por la constante depredación de la zona, que se acentúa por la sequía atípica que azota al país desde el 2010.
El problema más serio es que su territorio fue devastado. La estructura boscosa de la sierra, de esos enormes árboles, de 50 a 60 metros, ha sido arrasada. Además, el saqueo maderero de la zona ha modificado el metabolismo ecológico del suelo, con los consecuentes efectos adversos en los animales que tradicionalmente consumen, abundó. Y evocó: “Vuela uno por encima de esa área y sólo se notan pequeños manchones, el resto son árboles resembrados por empresas papeleras”.
Y al confirmar que los tarahumara no desean necesariamente tener un proyecto de desarrollo, no les interesa porque ellos tienen una forma de vida y exigen un poco de respeto a la misma, Val Blanco consideró que el Estado debe garantizar las condiciones mínimas de alimentación, salud y educación a los rarámuri y a otros grupos que se encuentran en la misma condición de emergencia en regiones indígenas de Guerrero, Chiapas y San Luis Potosí.
En Chihuahua además, existen concesiones mineras muy importantes en varias zonas y les argumentan que la tierra tiene esa vocación productiva, pero no es así, porque ellos son los dueños de ella y deben determinan qué es lo que quieren.
El estudio aceptó que jurídica y constitucionalmente, México es un país pluricultural, sustentado en los pueblos originarios que tienen derecho a su desarrollo y autonomía propios. El Estado debe garantizar mínimamente las condiciones de alimentación, salud y educación de los indígenas en su conjunto, señaló el director del PUMC.
“Son casi 80 mil seres humanos, tenemos que respetar su propiedad. No es a partir de la admirable voluntad filantrópica como se resolverán los problemas de los pueblos indígenas de México. Lo que tiene que hacer la sociedad civil no es suplir al Estado, sino exigirle que les cumpla sus derechos constitucionales, porque tiene los instrumentos y los recursos para que no ocurran estas crisis”, subrayó convencido.
Y precisamente en el marco de la actual crisis de sequía y hambruna, el académico señaló que la situación refleja la carencia de políticas públicas comprometidas, de largo aliento, dirigidas a este sector particularmente vulnerable de la población. Si bien la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), antes Instituto Nacional Indigenista (INI), lleva por lo menos 50 años de operar en la sierra hasta ahora no ha implementado en esta emergencia alimentaria bancos de alimentación o clínicas perfectamente localizables a los que pudieran acudir los rarámuri en situaciones complejas como las que viven ahora.
Pero no sólo es en Chihuahua, hay condiciones similares en la montaña de Guerrero, en ciertas zonas de Chiapas, en San Luis Potosí; en suma, existen siete u ocho zonas con las mismas características de urgencia”, alertó el especialista de la Universidad Nacional Autónoma de México.
“Como el primer linaje de las estrellas, como hijos de los ‘Que Caminan Arriba’, los rarámuri trazan sus recorridos celestes y ayudan a sostener el mundo con voluntad firme”, cita Del Val a Carlos Montemayor que así los describe en su libro Pueblo de Estrellas y Barrancas, un trabajo que nos acerca de manera precisa a la dimensión cultural de los tarahumaras, tan distante de nosotros.
Y explicó: “Su cosmovisión es muy rica y muy poderosa, ellos no sólo están dentro de la naturaleza, en el cosmos, sino son el sustento del mismo. En su caminar se halla el movimiento cósmico del Sol y la Luna, y si ellos se detienen, el mundo se acaba”.
El etnólogo explicó que son hombres de una fortaleza singular, sólo basta analizar sus formas de cacería. “Si alguien dice ‘cansan al venado’, quiere decir que si lo van a cazar van a caminar y correr tras él durante tres días hasta que el animal cae exhausto”. Sin embargo, el argumento de la fortaleza no debe ser utilizado por las autoridades como excusa para no resolver de forma inmediata las causas de su miseria y minimizar la importancia de tomar acciones al respecto.
Para ejemplificar la densidad cultural, recordó que en 400 años sólo se ha ordenado a un rarámuri como sacerdote católico. “¡A los tarahumaras no los convence ni la Iglesia!, que ha podido persuadir a muchos otros grupos”.
Asimismo, el director del PUMC, mencionó que entre los tarahumaras lamentablemente puede haber suicidios, como en cualquier otro grupo humano, pero su estructura ritual no lo concibe porque altera el ciclo de transformación que realizan después de la muerte para convertirse en estrellas. Se suicidan los individuos, no los colectivos, concluyó.
Asociación Mexicana de Derecho a la Información
X Congreso de SETAC-LA




































