
La próxima asignación del Laboratorio Móvil es en Zacateas donde evaluará un derrame de gasolina, explicó Marcos Adrián Ortega Guerrero. Foto: UNAM
Ciudad de México, DF, México, 24 de febrero de 2010, Paralelo.- No parece gran cosa. Es una camioneta larga, tipo panel, eso sí, con logotipos del Centro de Geociencias de la UNAM que está estacionada en las instalaciones oficiales en Querétaro, en Juriquilla para ser más precisos. Y siempre está lista para comisiones de trabajo del equipo que comanda Marcos Adrián Ortega Guerrero. Donde hay que evaluar el subsuelo contaminado en alguna región del país allí seguramente estará la unidad y los científicos y técnicos de la UNAM. Y en Morelia es urgente su presencia.
El vehículo parece convencional… como cualquier otro. Al abordarlo, sin embargo, es posible descubrir en el espacio donde alguna vez estuvieron los asientos traseros, un conjunto de tubos metálicos, equipos de análisis químico, una computadora y una máquina hidráulica que con el movimiento de tres palancas se desplaza por la puerta trasera para levantarse tres metros fuera del vehículo e iniciar la toma de muestras a profundidades que van de 10 a 15 metros bajo tierra.
Es el Laboratorio Móvil de Rastreo de Contaminantes del Subsuelo y desde 2005 el elemento fundamental para el trabajo de Ortega Guerrero y sus colaboradores, quienes, como en las películas de ciencia ficción y de espías, se concentran en el análisis completo de las muestras de suelo hasta el diagnóstico completo de un sitio.
Ortega Guerrero explica: “El equipo cuenta con 10 tubos, cuya función es bajar varios metros al subsuelo con un electrodo adentro para tomar las muestras. La parte vital es el electrodo, que tiene una celda por la que entran los gases del subsuelo, y una placa que calienta a 120 grados, volatiliza los gases, y éstos entran al tubo por difusión molecular”.
Por el interior de cada tubo, los gases suben y llegan a un cromatógrafo, donde se caracterizan químicamente. En el cromatógrafo se analiza la muestra previamente volatilizada, y se detectan los componentes, que se separan de acuerdo a su peso molecular. Así, los científicos identifican los contaminantes y comprueban la presencia de hidrocarburos en el subsuelo o de cualquier otro elemento contaminante.
De hecho, con este sistema se puede detectar la presencia de hidrocarburos en agua, suelo y en su fase de vapor.
“Con ayuda del equipo hidráulico, los tubos bajan entre 10 y 15 metros bajo tierra, pero solamente funcionan en sedimentos muy suaves; desgraciadamente, no en suelos duros ni en roca”, aclaró el ingeniero geólogo, con maestría en aguas subterráneas y doctorado en contaminación de acuíferos.
Una de las tareas más importantes del Laboratorio Móvil fue la caracterización del subsuelo de la ex refinería 18 de Marzo, ubicada en Azcapotzalco y que hoy es un centro comunitario, donde invirtieron tres o cuatro años allí para detectar y registrar totalmente la presencia de hidrocarburos en el subsuelo.
Hora la unidad está por hacer un nuevo viaje de trabajo para evaluar el subsuelo en la capital de Zacatecas donde se presentó un derrame de gasolina. La intención es que la UNAM identifique la fuente y proponga algunas medidas de restauración.
Vale decir que. de requerirlo e invertir el gobierno municipal de Morelia, el Laboratorio Móvil de Rastreo de Contaminantes del Subsuelo bien podría investigar la contaminación de mantos freáticos por metales pesados lixiviados del basurero ubicado al poniente de esta capital (en la localidad de Joyitas) para iniciar las acciones de mitigación y remediación necesarias antes que el consumo de agua potable afecte de forma irreversible la salud de miles de familias que viven en los asentamientos ubicados en esta zona.
Y es que una investigación del Centro de Investigación y Desarrollo del Estado de Michoacán (CIDEM) y del Instituto de Investigaciones Químico Biológicas de la Universidad Michoacana, revela que más 40 colonias, fraccionamientos y comunidades aledañas al tiradero —que se abastecen de acuíferos contaminados como el de Joyitas, Los Itzícuaros y Zindurio— podrían estar en serio riesgo de salud por la contaminación de agua con metales pesados como plomo, arsénico, cromo, cadmio, berilio y una decena más, causantes de una amplia gama de cánceres y malformaciones congénitas en recién nacidos.
Las colonias susceptibles son, entre otras, Villa Magna, La Maestranza, La Hacienda, Bosques de la Hacienda, San José Itzícuaro, San Antonio Itzícuaro, San Isidro Itzícuaro, Jardines de San Juanito Itzícuaro, Ampliación San Isidro Itzícuaro, El Parián, Arcos San José, Ario 1815, El Cerrito Itzícuaro, San Lorenzo Itzícuaro, La Magdalena Itzícuaro, Niño Artillero, Villas del Pedregal, La Maestranza, Villa Magna, San Isidro, La Concepción, Arcos San Juan, Villas de la Loma, Rincón Tarasco, Jardines de Zindurio, Hombres Ilustres, Zindurio Norte, La Tercera Esperanza, La Esperanza y Ampliación La Esperanza, Loma de la Aurora, Jardines de la Aurora, y todas aquellas de nueva creación que ya someten a una gran presión los acuíferos por la demanda de agua.
Lo verdaderamente grave es que hasta el año pasado, el relleno sanitario de Morelia o Sitio de Disposición Final de Residuos incumplía con las normas sanitarias 083 y 087 que se refieren al tratamiento de residuos peligrosos biológicos e infecciosos. En palabras llanas: Sigue generando lixiviados, ese líquido apestoso, oscuro, como nata que se filtra y contamina el agua del subsuelo y que luego se distribuye a los habitantes de la zona que la usan y consumen sin conocer los riesgos.
Los riesgos de enfermedades son casi infinitas: Desde leves irritaciones en ojos, piel y mucosas, hasta leucemia y cáncer de piel, útero, hígado, páncreas, estómago y pulmones. Una verdadera Caja de Pandora.
La investigación de la UMSNH y el CIDEM es seria y fue realizada por Juan Carlos Carrillo Amezcua, Juan Manuel Sánchez-Yáñez, Fermín Manzo Zamudio, Libertad Leal Lozano y Arturo Peláez.
* Con información de la Universidad Nacional Autónoma de México