México: Hallazgo de tumba maya pudiera ayudar a explicar colapso

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Un hombre aparece sentado en el sitio arqueológico maya de Toniná, cerca de la aldea de Ocosingo, en el estado mexicano de Chiapas. Foto: AP/Miguel Tovar

Toniná, Chiapas, México, 29 de enero de 2010, AP - Arqueólogos mexicanos encontraron una tumba de 1.100 años de antigüedad del crepúsculo de la civilización maya que esperan arroje alguna luz sobre lo que sucedió a esa gloriosa cultura.

El arqueólogo Juan Yadeun dijo que la tumba, y piezas de cerámica de otra cultura halladas en ella, podrían revelar quién ocupó el sitio maya de Tonina en el estado sureño de Chiapas cuando el período clásico de la cultura empezó a declinar.

Muchos expertos han conjeturado que guerras internas entre ciudades mayas, o la degradación ambiental, fueron causas posibles de la declinación maya a partir del 820 de nuestra era.

Pero Yadeun, que supervisa el sitio arqueológico en Toniná por el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México, dijo que los objetos de la cultura tolteca halladas en la tumba podrían indicar otra explicación. Dijo que la tumba data de entre el 840 y el 900 de nuestra era.

"Está claro que es una nueva ola de ocupación, la gente construyó esta tumba de tipo tolteca", dijo Yadeun el miércoles. "Esto es muy interesante, porque vamos a ver por medio de los huesos quiénes eran esas personas que sucedieron al imperio maya".

Los toltecas procedían de las altiplanicies del centro de México y aparentemente expandieron su influencia a los bastiones mayas en el sur de México. Se cree que dominaron el centro de México desde la ciudad de Tula —al norte de lo que actualmente es la Ciudad de México— entre los siglos X y XII, antes que los aztecas ocuparan la región.

Arqueólogos no vinculados con las excavaciones consideraron prematuro llegar a conclusiones definitivas en base a un solo sitio e hicieron notar que el imperio maya abarcó una amplia área y tiene una variada y compleja historia.

"Una tumba, aunque sea muy lujosa, no va a responder los grandes interrogantes de la trayectoria maya en toda la región... quizás a nivel local", dijo David Stuart, especialista en epigrafía maya en la Universidad de Texas, en Austin.

Susan Gillespie, arqueóloga de la Universidad de la Florida, dijo que "la idea de una migración desde Tula hasta el área maya se ha abandonado".

En el interior, un sarcófago en forma de recipiente de piedra yace dentro de una cueva estrecha, coronada por una pesada lápida de piedra. Al contrario de otras, ésta no contiene inscripciones; al parecer, los mayas empezaron a abandonar su complejo sistema de escritura en las postrimerías de su cultura.

Los arqueólogos también hallaron una urna de cerámica y los huesos posiblemente de una mujer. El cráneo parece haber sido deformado intencionalmente, una práctica común entre los mayas. Los antropólogos están estudiando los huesos en la esperanza de identificar de qué grupo procedía.

El instituto dijo que los huesos de la mujer fueron desplazados por huesos en otra urna de cerámica, presumiblemente depositados allí por jefes tzeltales en algún momento a fines de los 1400, justo antes de la conquista española.

El sitio selvático está lleno de templos y plataformas dejadas por los mayas. La tumba recién descubierta _detectada inicialmente durante trabajos de mantenimiento en diciembre, y cavada más adelante y mostrada a reporteros el miércoles_ está al pie de uno de los templos antiguos.

La tumba muestra evidencia de que al menos otro grupo prehispánico tomó posesión del lugar tras el colapso maya.

El redactor de la Associated Press Mark Stevenson en Ciudad de México contribuyó a este reporte.

Antropólogos mexicanos estudian un relato maya
sobre sacrificios sacerdotales

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Comalcalco, Tabasco. Foto: ninfa-urania.blogspot.com

Antropólogos mexicanos estudian el texto maya más largo encontrado en el Estado de Tabasco (sureste), donde se encuentran las ruinas de algunos de los principales templos de esa civilización mesoamericana, y que se refiere a sacrificios y a penitencias a los que se sometían sus sacerdotes.

Se trata del primer texto maya sobre la vida de un sacerdote y no sobre un gobernante y sus esposas, indicó el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en un comunicado difundido el lunes.

El texto se compone de 260 glifos (caracteres), referentes a 14 años de la vida de un importante sacerdote del siglo VIII de nuestra era, que incluye referencias a rituales de sacrificios que incluían sangrías y actos de penitencia previos a los equinoccios de primavera.

Se trata del "texto epigráfico maya más largo encontrado hasta la fecha en Tabasco. Fue hallado en una urna funeraria descubierta durante las excavaciones del sitio arqueológico de Comalcalco", explica el comunicado.

El texto se encuentra escrito en pendientes de concha y en espinas de raya, depositados en la urna funeraria en la que el sacerdote fue amortajado y cubierto con abundante cinabrio (pigmento rojo) junto con una ofrenda envuelta en piel de jaguar.

Los sacerdotes mayas de Comalcalco usaban los aguijones de raya para perforarse los oídos, lengua, frente, pene y otras partes del cuerpo, en rituales que producían desangramientos y mucho dolor, y que los llevaba a alucinar para entablar contacto con los dioses, según los expertos del INAH.

Uno de los glifos encontrados proporciona una fecha equivalente al 31 de enero de 771, que se cree corresponde al inicio de los textos recuperados en la ofrenda.

La civilización maya, que se extendió desde el sureste de México hasta Guatemala, Honduras, Belice y El Salvador, se destacó por sus avances en astrología, matemáticas y por la creación de un calendario propio, que indica que en 2012 habrá un cambio de era.

Recrean investigadores microhistoria de un barrio de Teotihuacan

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Foto: UNAM

Ciudad de México, DF, México, 29 de noviembre de 2009, mexicoambiental.com.mx.- Teotihuacan, la imponente Ciudad de los Dioses,  tenía una estructura “corporativa” en la que se privilegiaba a las colectividades y que pudo haber determinado un consejo de nobles conformado por cuatro personajes, consideró Linda Rosa Manzanilla Naim, investigadora del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, al informar  que para conocer la dinámica urbana y social de este enclave se recreó la microhistoria de uno de sus barrios.

Para investigar cómo vivía la elite de Teotihuacan y sus formas o sistemas de gobierno en dos niveles: los barrios y la ciudad como capital de un Estado, un grupo de especialistas dirigido por Manzanilla Naim, trabajó en la reconstrucción de este micro espacio de la ciudad.

En 1997, el equipo conformado por físicos, geofísicos, químicos, biólogos, genetistas, arqueólogos, antropólogos físicos y antropólogos forenses, inició el proyecto Teotihuacan: elite y gobierno; se investigó la posibilidad de un cogobierno, como parte de una estructura corporativa que se veía incluso en las viviendas multifamiliares, explicó Manzanilla Naim.

Con una superficie de 20 kilómetros cuadrados y una población de 125 mil habitantes, era una megalópolis y, por consiguiente, una excepción en el conjunto de los centros urbanos de Mesoamérica.

Con su traza reticular y sus calles que cruzaban en ángulos rectos, se caracterizaba por ser multiétnica; llegaban migrantes de todas partes de la región, y se distribuyeron en distintos barrios. A diferencia de otras áreas culturales, posiblemente contaba con un cogobierno formado por cuatro personajes.

Dos puntos
Los investigadores excavaron dos puntos: el centro del barrio multiétnico de Teopancazco y el palacio Xalla, ubicado al norte de la Pirámide del Sol, donde probablemente se reunían los cogobernantes a discutir razones de Estado y a hacer rituales.

“Queríamos saber cómo funcionaba un barrio multiétnico. El de Teopancazco pudo haber sido originalmente uno de gente proveniente de lo que hoy es Veracruz, pero debido a la riqueza que generaba (en él se diseñaban los trajes que vestía la elite teotihuacana de la casa noble que regía el barrio), los teotihuacanos lo tomaron en sus manos, pero conservaron a sus habitantes como sastres”, señaló la universitaria.

Al sur de la Ciudadela
A Teopancazco, localizado al sur de la Ciudadela, en la periferia de Teotihuacan, se conoce desde 1884, cuando Leopoldo Batres comenzó excavaciones en el lugar donde un alfarero, de apellido Barrios, encontró el primer mural de lo que se pensaba era un conjunto residencial; pero al avanzar la obra, resultó ser el centro del barrio.

Los investigadores no sólo analizaron los materiales que tradicionalmente interesan a los arqueólogos, como cerámica, piedra y hueso trabajados, también hicieron el rastreo químico de los pisos de estuco.

Como modernos detectives, tomaron muestras de tierra de cada habitación, de las que extrajeron células microscópicas y semillas, tallos y fragmentos de hojas para determinar qué vegetación había en el entorno y cuál era consumida por los pobladores; también, para ver si descubrían indicios de moluscos marinos y restos óseos humanos y de animales.

 “De ser un centro de clase media, Teopancazco se convirtió en un conjunto económicamente importante. A nosotros nos interesaba saber por qué, y poco después establecimos que la causa de ese cambio fue que sus habitantes se dedicaban a elaborar los vistosos trajes de los señores y los guerreros teotihuacanos y, además, a traer mantas de algodón de las zonas cálidas como Veracruz”, explicó la investigadora.

Consejo de nobles
Teotihuacan tenía una estructura que Manzanilla Naim llama “corporativa”, en la que no se privilegiaba a los individuos, sino a las colectividades.

A diferencia de lo ocurrido en ciudades del área maya, regidas por una persona perteneciente a una dinastía, y de la que conocemos su biografía, en Teotihuacan no se han encontrado representaciones de sus gobernantes ni tumbas reales, y no se sabe cuáles fueron sus palacios, que en otros sitios son monumentales, como el Palacio de Pakal, en Palenque, dijo.

“La estructura corporativa pudo haber determinado un cogobierno, un consejo de nobles de los distintos sectores de la ciudad. Mi propuesta es que estaba conformado por cuatro personajes”, indicó.

Como ciudad sagrada mesoamericana, se dividía en cuatro sectores, con la Calzada de los Muertos como eje norte-sur, un poco desviado al este, y la calzada este-oeste, que se cruzaba con la anterior a la altura de la Ciudadela.

 “Probablemente, los cuatro señores provenían de estos sectores. La única representación que tenemos de ellos, cada uno con un emblema distinto, apareció en una vasija tardía encontrada en los años 30 del siglo pasado, por el arqueólogo sueco Sigvald Linné en Las Colinas, cerca de Calpulalpan, Tlaxcala.

 “El principal señor lleva un tocado de tres borlas y anteojeras del dios de las Tormentas, cuyo templo es la Pirámide del Sol, el eje original del mundo teotihuacano”, comentó la especialista.

Golpe de estado fallido
El grupo de la Serpiente Emplumada gobernaba el sureste de la ciudad; el de los Jaguares, el noreste (la zona de la Pirámide del Sol); el de los Coyotes, el suroeste, y el de las Aves de Rapiña, el noroeste (la zona de la Pirámide de la Luna).

 “Entre el año 250 y el 350, en la ciudad se vivió un momento de gran tensión política, un momento que parece haber quedado registrado incluso en murales y, por supuesto, en la arquitectura. Posiblemente, el grupo de la Serpiente Emplumada trató de tomar el gobierno en sus manos, los demás linajes dirigentes no lo permitieron, y hacia el año 350, lo expulsaron de la ciudad”, relató Manzanilla Naim.

Entonces, toda la iconografía que tuviera que ver con alfardas de serpientes fue tapada y al templo de la Serpiente Emplumada se le desacralizó: se le arrancaron las esculturas, se prendió fuego y enfrente de él se construyó una estructura para que ocultara su fachada.

 “El barrio de Teopancazco, que pertenecía a este grupo, siguió funcionando, pero ahora quizá bajo la tutela del grupo de los Jaguares”, dijo la investigadora.

Tensión
Los barrios, regidos por nobles que se comportaban como reyezuelos, generaban una organización opuesta a la estrategia corporativa del cogobierno teotihuacano.

 “Mi hipótesis es que esa fue la razón por la que la tensión entre estos dos sistemas de gobierno no se pudo resolver, y en el año 550 fue incendiada la ciudad”, consideró.

Originalmente, las elites intermedias movían bienes suntuarios a su entera libertad, con independencia del Estado, y mientras éste trataba de dar una imagen corporativa, colectiva, aquéllas posiblemente se centraban en individuos o familias nobles particulares; a final de cuentas, todo salió de control.

Los miembros de la casa noble de Teopancazco traían, junto con peces, conchas marinas, tortugas, cangrejos, cocodrilos, plumas de quetzal para tocados y las mantas de algodón con que se vestía toda la nobleza. Se pavoneaban en la ciudad con ellas, como símbolo de riqueza (véase el Mural del Templo de la Agricultura); el Estado teotihuacano observaba cómo se hacían ricos e intentaba controlarlos.

Fin de la utopía
Hacia el año 550, a este frágil equilibrio entre las dos formas de gobierno se sumó posiblemente una gran sequía en el altiplano central. Como consecuencia, el ritual de siembra dedicado al dios de las tormentas, que debía de traer lluvias, fertilidad y abundancia, no funcionó.

Existe la posibilidad de que los barrios se hayan levantado contra el consejo de gobierno, o contra quienes no hicieron llover e impidieron que hubiera comida suficiente.

“No sabemos si esta revuelta interna fue obra del pueblo o de las elites de los barrios que manipularon a la gente, o quizá la gente se rebeló contra los reyezuelos y contra el gobierno central. En todo caso, el colapso comenzó”, refirió Manzanilla Naim.

Alrededor del año 550, los centros del poder fueron incendiados (los templos y sedes administrativas y políticas a lo largo de la Calzada de los Muertos tienen huellas de ignición). Los pueblos que pertenecían a los corredores teotihuacanos aprovecharon el colapso para independizarse y formar sus propios reinos: Cacaxtla, Xochicalco, Tula, Teotenango y Tajín.

 “Pero no sólo se independizaron también, al parecer, cerraron las rutas de abasto a la ciudad, lo que impidió la llegada de bienes de los corredores. Así, ninguna urbe puede sobrevivir. Todo el sistema de abasto cayó, no sólo el de articulación simbólica con los bienes suntuarios”, concluyó la universitaria.

Cacaxtla cumplió 34 años de ser descubierta

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Ciudad de México, DF, México, 29 de octubre de 2009, mexicoambiental.com.mx.- En septiembre de 1975, a San Miguel del Milagro, municipio de Nativitas, en Tlaxcala, se le hizo el milagro. Algunos de sus habitantes, en la búsqueda de cofres repletos de monedas de oro en el Cerro Cascasmeme, desenterraron un rostro humano pintado de negro, de clara influencia maya, hecho que dio pie a la exploración arqueológica de Cacaxtla, un sitio sin precedentes en el Altiplano.

Con la excavación de sólo diez por ciento de su polígono, esta zona arqueológica ha permitido ampliar el conocimiento sobre la compleja conformación de esta área central tras la caída de Teotihuacan, entre 700 y 900 d.C., cuando Cacaxtla se convirtió en la ciudad más importante de la región, contemporánea a otras urbes como Tajín (Veracruz) y Xochicalco (Morelos).

Los trabajos de exploración emprendidos desde hace más de tres décadas por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) han sido continuos, de ahí que en fechas recientes se ha procedido al reconocimiento minucioso del recubrimiento del Gran Basamento, sus taludes y muros exteriores, informó el arqueólogo Andrés Santana Sandoval.

“Entre los descubrimientos más recientes se encuentran los recubrimientos de la fachada este del Gran Basamento y que fue la portada principal; incluso, en algunas zonas se ha llegado a detectar el piso original”, comentó el experto adscrito al Centro INAH Tlaxcala al impartir la conferencia Sacrificios y ofrendas en Cacaxtla, a propósito del 34 aniversario del hallazgo del sitio.

Con una ocupación entre 100 y 1100 d.C., Cacaxtla (de cacaxtli, bulto carga), aún guarda importantes secretos, toda vez que se desconoce su filiación cultural, aunque los vestigios indican a los olmecas-xicalancas como sus ocupantes. A pesar de esto, el conjunto monumental posee influencias estilísticas mayas, teotihuacanas, mixtecas-zapotecas y nahuatlatas.

En el acto conmemorativo, realizado en el Palacio Legislativo de Tlaxcala, el especialista del INAH detalló que a lo largo de 34 años de investigación, en el sitio se han localizado los restos óseos de aproximadamente 300 individuos, aunque cabe aclarar que dos terceras partes corresponden a infantes, los cuales fueron ubicados durante las primeras temporadas de campo del proyecto arqueológico, a fines de los años 70.

“Cacaxtla fue abandonada hacia el año 1000 d.C. por la llegada de otros grupos, no obstante, previamente llevaron a cabo una serie de sacrificios y ofrendas antes de irse. A lo largo de las excavaciones encontramos los restos óseos de 200 niños (cifra documentada por el número de cráneos), distribuidos en distintos puntos, sobre todo en El Palacio, con huellas de haber sido sacrificados.

“Podemos pensar que los niños pertenecían a la misma comunidad, algunos llevaban puestos ornamentos a la hora de su muerte, como cuentas de piedra, de hueso o de barro, con figuras de rana o tlacuache, y malacates. En el lugar se detectaron puntas de proyectil de sílex y de obsidiana, con las que posiblemente —dada su cantidad— los inmolaron”.

También, dijo, se exploraron dos tumbas en el llamado Patio Hundido, consistentes en un hueco revestido con piedras, en donde se colocaron los huesos de varios individuos que en un tratamiento pos mortem fueron desarticulados, con el fin de que pudieran ser introducidos en las citadas tumbas.

La riqueza de las ofrendas es otro de los aspectos que mencionó Andrés Santana en este recuento de los trabajos arqueológicos efectuados en Cacaxtla, por ejemplo, en una cesta ubicada en el Patio Hundido, se encontraron caracoles marinos (tipo estrombus) usados como instrumentos musicales (silbatos) para ceremonias de petición de lluvia. Otros objetos depositados fueron huesos trabajados a modo de espátulas o agujas —utilizados en ritos de autosacrificio—, raspadores y cuchillos de obsidiana.

Asimismo, las ofrendas no asociadas a entierros, contenían piezas destacadas. En una de ellas estaban esparcidos los vestigios de un mural y de relieves desprendidos intencionalmente, “tal vez para que no los mancillaran quienes después ocuparan Cacaxtla”.

Concluyó que en la parte superior del Montículo B se encontró el depósito más grande descubierto hasta el momento y en excelente estado de conservación, el cual incluía dos grandes cuchillos de obsidiana (de más de medio metro de altura, aproximadamente), tres pectorales de jadeita, silbatos, ramas de coral, conchas marinas, cuentas, y los restos de una máscara de Tláloc.

Breve recuento
1975 -  Se descubre y rescata el mural del Caballero-Ave, comienza la liberación del Edificio A, y se efectúan trabajos de limpieza y conservación de cinco pinturas.

1976 - Arranca la primera excavación intensiva en el Edificio B, se hallan los núcleos de una escalinata y al limpiarla se descubre el Mural del Sacrificio (de la Batalla), de 22 metros de longitud, uno de los más extensos de Mesoamérica.

1985 - Se localiza parte del Mural del Templo Rojo, y las labores para la colocación de la techumbre del Gran Basamento, permiten descubrir el Templo de Venus.

1990 - Reinicia la excavación del Edificio B y cuatro años más tarde se explora la Plaza de las Tres Pirámides.

1998 - Fueron recuperadas 11 esculturas de barro con recubrimiento de estuco, que representan a igual número de señores de Cacaxtla (ahora expuestos en el Museo de Sitio).

 

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