Coatzacoalcos, Veracruz, México, 19 de septiembre de 2009, mexicoambiental.com.mx.- Sobre la calle Manuel Ávila Camacho —que en realidad es el viejo malecón del río Coatzacoalcos— y al comienzo de la calle Corregidora, frente al hotel Oliden y junto a las cooperativas de pescadores, están los locales de venta de pescado y mariscos de los que desde hace años se surten la mayoría de las familias porteñas. Las tradicionales “pescaderías” del río. Aclaro que este no es un relato de pesca recreativa. No.
Hasta este sitio llegan los pescadores a comerciar sus productos que son expuestos en forma ordenada en bateas de láminas de zinc, sobre mesas de cemento gris y azulejos. Hay robalos de Tabasco y huachinango del Golfo de México. Ostiones de las lagunas costeras cercanas y hasta lenguados de buen tamaño. El “marchante” llega, mira, inspecciona y pide su pescado. Una señora de carnes exuberantes y rostro serio pesa el producto y lo embolsa, eso sí, con una velocidad de vértigo. Y cobra por supuesto aunque no cobran extra si se pide eviscerado o en lonchas perfectas listas para ser empanizados.
También es posible encontrar aquí tilapias que prácticamente han colonizado estanques, presas, arroyos interiores y lagunas costeras en el sur de Veracruz y Tabasco. Jaibas, calamares, almejas, mejillones y pulpos llaman la atención, evidentemente. Un “vuelve a la vida” no sería tal si no lleva ostiones que vienen desde Sánchez Magallanes en el vecino Tabasco.
Los productos más caras son los camarones y aquí hay de todas las especies demandadas. Desde el modesto y rudo camarón de piedra a los “bigotudos” del mar: Camarones café, blanco y rosado. En el lenguaje de los científicos: Penaeus aztecas, P. setiferus, y P. dourarum, respectivamente. También langostinos, acúmaras y camarón de río, muy apreciado éste para la pesca artesanal con tanza y anzuelo.
En esta ocasión, uno de los locatarios tenía cazones y chernas, pero no quiso precisar el sitio de captura. “Allá, mar adentro”, dijo mientras sostenía una pequeña cría de tiburón martillo. Al lado, una batea llena de curvinas, roncos, pargos y jureles.
No sólo se pueden encontrar pescados enteros. También se venden en filetes y postas. Incluso hay carne “despicada”, es decir, cortada en cuadritos regulares lista para hacer ceviche. Regularmente de gallego (jurel), sierra y cintilla.
Hace muchos años que la contaminación ha destruido el hábitat de la ictiofauna del río Coatzacoalcos, que abastecía a los coatzacoalqueños quizá hasta antes de finales de la década de los años setenta. El derrame del pozo Ixtoc en la Sonda de Campeche determinó el declive de las poblaciones de peces que, al paso de los años, han desaparecido virtualmente.
Pero los nuevos aficionados a la pesca y los viejos pescadores que viven de su arte no dejan de ir a las escolleras en la madrugada, en espera que “entre” la mancha de peces pelágicos a comer “del lado del mar”.
En el presente texto no hablo de pescar y soltar. Hablo de una actividad comercial que mantienen a decenas de familias que dependen de uno de los oficios primarios del ser humano: La pesca.
A continuación una muestra de esta enorme variedad de peces, moluscos y crustáceos que aún se pueden encontrar en las pescaderías de Coatzacoalcos, allí, en el mero centro y la ribera misma del río.
1 Fotografías tomadas en noviembre de 2007
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